Usted está en lo mejor del sueño cuando de pronto suena el despertador. Se da la vuelta e intenta conciliar el sueño. Otra vez el dichoso despertador dándole lata. Ahora sí lo apaga. Porque, esos cinco minutitos son los más deliciosos.
"Bueno, ni modo, hay que ir a trabajar", se dice, luego de haberle disque robado tiempo al tiempo. Aunque después éste esté contra usted. Pone la cafetera, busca la rasuradora y comienza a afeitarse, mientras escucha las noticias en la radio o la TV y, como está en el baño, para poder oírlas le sube el volumen, máxime que su esposa, que recién se bañó, está haciéndose el blower.
Ella pega un grito. ¿Uno? Varios, a los muchachos, para que se levanten porque es hora de que se alisten para llevarlos donde su mamá que es la que se los cuida en vacaciones.
Se alistan y parten todos para sus respectivas responsabilidades. Entonces, como es hora pico, las bocinas de autos y transportes colectivos no se dan abasto. ¡Y qué decir de las troneras!
Si hay policías de tránsito ellos hacen sentir su presencia con sus silbatos. Esto sucede en la mañana. A la hora de ir a almorzar, el bullicio es peor, pues hay más carros circulando, están las construcciones en pleno apogeo.
Si, señores, vivimos bombardeados por el ruido: en la casa, oficina, avenidas, locales comerciales, aeropuertos... Aparatos como el cine en casa, la TV, los walkman y otros equipos de sonido son los que más daño acústico hacen, especialmente a la gente joven que no mide el alcance de escucharlos a volúmenes arriba de los 80 decibeles que es el nivel tolerable de ruido para el ser humano (un perro tolera más ruido, especialmente tonos agudos, como de pitos), según dijo el Dr. Rolando Muñoz, otorrinolaringólogo del Hospital Santo Tomás, HST.
Una persona que está expuesta constantemente al ruido, aunque éste no sea tan elevado, con el tiempo presenta pérdidas auditivas. Igual destino tiene la gente que se expone repentinamente a ruidos como explosiones, voladores, cohetes o quienes viven cerca de aeropuertos. La diferencia es que en ellas la pérdida auditiva por trauma acústico ocurre más rápido.
Personas con alto riesgo de sufrir daños en su audición son los trabajadores de la construcción, la gente que arregla calles y usa taladros y excavadoras, los ebanistas, policías, los que trabajan en canteras o aserraderos, aquellos que laboran en fábricas con maquinaria ruidosa, quienes asisten constantemente a discotecas, las que usan walkman o la radio de su auto a volúmenes muy altos (esto último más aún si tienen las ventanas cerradas).
De allí que, como medida de seguridad ocupacional en áreas laborales ruidosas se debe usar equipo especial para proteger los oídos (audífonos, orejeras).
Ahora bien, valga decir que ruido (por lo inoportuno y porque se da en un ambiente silencioso y por ende es más notorio y perturba más) es también en el medio de la noche ese goteo de la llave averiada del lavamanos o el baño, que no le deja pegar el ojo, como también lo es una riña de gatos en el tejado, los ladridos de un perro, el timbre del teléfono, un portazo. Asimismo, el que hacen el carro de basura o la sirena de una ambulancia, carro bomba o policía; un objeto que tira un vecino, un grito...hasta el ronquido de su pareja.
Así que, evite usted caer en la agresión sonora, porque, bien lo dijo el Dr. Muñoz, cuando hay un trauma acústico y se produce caída en los 4,000 decibelios esto va a dar lugar a sordera, dolor de oídos, trastornos nerviosos, zumbidos de oídos, inestabilidad emocional, irritabilidad y falta de concentración.