Marko se apoderó del teatro Bambalinas, con un espectáculo que cautivó a chicos y grandes. Con 43 años en esta destreza, asegura que lo suyo es entretenimiento sano, para toda la familia, alejado de ese misticismo que utilizan los ilusionistas hoy en día, porque luego de que se cierra el telón, vuelve a ser Marko Greco, un hombre normal.
Su franqueza está a flor de piel, para él la palabra retiro no está en su diccionario: “No entiendo por qué la gente se pone vieja, yo me di cuenta hace unos años que yo envejezco más despacio. Mira, este año cumplo 60”, asegura. Trata de no maltratarse, se alimenta sanamente y disminuyó el azúcar en los alimentos. “Hace más de 25 años que la he ido bajando, no aparento 60 años, hago ejercicios, subo las escaleras corriendo, pienso siempre en cosas de chiquillo, a mí en la escuela me decían “madura, madura”, pero pensaba que el que madura se pudre”, sostiene el mago.
Tal es su energía que está haciendo fiestas para los hijos de personas a las cuales le hizo fiestas cuando eran niños. “Me dicen, usted vino a mi fiesta cuando tenía ocho años, por ello yo pretendo hacerles fiestas a sus nietos, incluso a sus biznietos”, confiesa.
Inicios.
Marko cuenta que a los ocho años vio por primera vez a un mago, no sabía cómo se hacían los trucos, luego vio un libro en un almacén, lo compró y así obtuvo muchos más. “Esto fue hace tanto tiempo que no había ni internet. Ahora los jóvenes lo tienen más fácil y de hecho con el internet han surgido muchos chicos que se están dedicando a la magia, realizan trucos muy buenos y han aprendido por sus propios medios como aprendí yo”, cuenta.
Desde entonces comparte esta divertida profesión, la cual complementa con el teatro. En su trayectoria ha hecho más de 30 obras, la más reciente: “Hay que casar al sinvergüenza”, que estrena este mes en el ABBA.