Múnich se convertirá de nuevo a partir de mañana en la capital mundial de la cerveza con la inauguración de la Oktoberfest, la fiesta popular más concurrida del planeta en la que quiere mostrarse como una ciudad abierta y tolerante.
La "Fiesta de octubre", como se le conoce pese a realizarse siempre en septiembre, espera este año cerca de ocho millones de visitantes de todo el mundo, y será abierta por el alcalde Christian Ude que se ha propuesto que Múnich aproveche la edición del 2000 para expresar su rechazo a la xenofobia.
"Aquí son bienvenidos los extranjeros como clientes, ciudadanos y también como colaboradores", dice una pancarta luminosa que estará en un lugar visible a la entrada de cada una de las tradicionales carpas de la Oktoberfest situadas en la Theresienwiese.
"Hay que estar atentos y velar por que se mantenga el clima hospitalario, tolerante y abierto de Múnich", ha dicho Ude cuya campaña por la tolerancia ha recibido también el apoyo de los sindicatos y la patronal del sector gastronómico bávaro.
"Las pancartas deben ante todo mostrar que no hay un apoyo silencioso a la ultraderecha y que si un cabeza rapada incurre en un acto xenófobo tiene que contar con el desprecio de la mayoría de la sociedad", ha agregado el alcalde.
La apertura del primera barril de cerveza está a cargo tradicionalmente del alcalde que debe lograr su cometido con máximo de tres martillazos para después pronunciar las palabras "O"zapfs is", que en dialecto bávaro significa algo así como "el barril está picado".
En su primera fiesta de octubre como alcalde, en 1983, Ude tuvo que dar siete martillazos debido a su inexperiencia en la materia, pero los largos años al frente de la capital bávara lo han hecho más diestro en la materia y este año espera que dos golpes de martillo le basten para dar por inaugurada la fiesta.
"Ya resulta aburrido que siempre tengan que ser tres martillazos los que inauguren la fiesta", aseguró Ude al anunciar que este año pensaba dar sólo dos golpes de martillo.
El origen de la fiesta se remonta a 1810, cuando el pueblo fue invitado a compartir las celebraciones de la boda del príncipe y más tarde rey Luis I de Baviera con Teresa de Sajonia-Hildburghause.
En su edición número 167 la cerveza, reina indiscutible, se venderá como siempre en enormes jarrones de un litro y los camareros y camareras volverá a mostrar su capacidad de llevar en las manos una docena de ellos al tiempo.
La cerveza que se ofrece es de un tipo especial, que sólo se vende durante esta época y que tiene un contenido de alcohol un poco menor que el habitual.
Durante las cerca de dos semanas que durará la fiesta, que terminará el 3 de octubre, los visitantes a la Theresienwiese tendrán seguramente oportunidad de encontrarse con algunas celebridades que son huéspedes habituales del acontecimiento.
Entre ellos, están varios jugadores del Bayern de Múnich así como el ex-tenista Boris Becker lo mismo que otras personalidades de la política y la cultura.
Este año, la Oktoberfest tendrá además su representación en Berlín donde, en la plaza de Gendarmenmark, se inauguró el martes pasado una versión pequeña de la fiesta donde los tres martillazos estuvieron a cargo del primer ministro bávaro Edmund Stoiber.