Una de las misiones que según muchos tienen hombres y mujeres en la tierra es procrear hijos, pero lamentablemente no todos los humanos nacen con esa capacidad y otros la pierden por circunstancias diversas.
En tiempos pasados los hombres o mujeres estériles se conformaban con ver pasar la vida sin tener descendencia, pero pronto los investigadores médicos descubrieron que habían métodos con la intervención de la ciencia, por medio de los cuales se podía subsanar esa deficiencia física, pero muchos se han opuesto a estos procesos, por considerarlos como una alteración a la naturaleza y un reto a los designios de divinos, donde también se juega con los sentimientos de los padres que por una u otra razón no lo logran.
De acuerdo con el doctor Camilo Alleyne, responsable del nacimiento de la primera "bebé probeta" nacida en Panamá, en el año 1990, urge reglamentar la práctica, teniendo en cuenta valores éticos, humanísticos y sobre todo, respeto a la vida y es necesario que la institucionalidad ética, humanística y religiosa se conserve en estos procesos y que no caiga en manos inadecuadas y gente sin criterio.
En Panamá, a partir de la década de los 80, ha nacido una considerable cifra de niños a través de la reproducción asistida, iniciada por el doctor Camilo Alleyne y un grupo de jóvenes científicos.
El doctor Alleyne se propuso traer la reproducción in vitro a Panamá y exactamente en 1990, luego de la invasión, fue cuando se atrevió a darle esa felicidad a una pareja del barrio El Chorrillo, acontecimiento que ubicó al país a la vanguardia de la técnica en la región de Centroamérica y el Caribe.
Aunque se han dado casos exitosos de inseminación asistida en Panamá y el mundo, no siempre los resultados son halagadores, por lo que han surgido opiniones encontradas sobre estas prácticas. En este marco, el tema fue debatido la semana pasada en la Universidad Latinoamericana de Ciencias y Tecnología, donde los estudiantes y público interesado dieron su opinión ante la posición de la iglesia que no aprueba la reproducción asistida y la ciencia médica que la considera como una alternativa que tienen las parejas para tener hijos.
De acuerdo con el doctor Alleyne, la edad más apropiada para tener éxito en una inseminación asistida, es entre los 20 y 30 años para la mujer, aunque el marco se extiende en algunos casos hasta que esté en condiciones para reproducir, que puede ser para algunas hasta los 42 y algunas excepciones que sobrepasan ese número, pero aclara que es necesario que existan ovarios, útero y trompas de falopio, aunque se han dado casos especiales.
Por su parte el médico y diácono de la iglesia católica, Marco Mejía, sostiene que los bebés producto de inseminación asistida nacen fuera de una relación amorosa, circunstancia que después puede afectar a la familia y en mayor grado al niño, más aún , cuando se utilizan donantes ya sea por parte del hombre o la mujer.
Para el doctor Alleyne, la forma de concebir al individuo no es lo que determina su bienestar, ya que la formación se basa en las etapas de desarrollo y no determina que los padres se divorcien o sigan juntos. Por su parte, el diacono Mejía señaló que cuando los hijos son producto de los métodos científicos, a veces no existe la responsabilidad para con ellos, más aún, si intervienen donantes en algunas de las partes.
Ante esto, Alleyne es creyente de que "el amor priva por encima de la ley" y la medicina se guía por ese predicamento. A su juicio, la mujer que se dispone a tener hijos y no lo logra después de un tiempo determinado, sufre un luto cada vez que llega el período y no lo logra, por lo que la inseminación asistida es una opción casi segura para lograrlo, de reunir las condiciones necesarias.
El médico señala que por hacerlo no se considera con ninguna potestad divina, sino como un mediador entre la naturaleza y la ciencia que con ayuda de Dios le brinda la oportunidad a las parejas de ser padres.
La iglesia también se opone porque en los procesos se atenta contra la vida al desechar embriones, porque cultivar varios embriones y congelarlos para después desecharlos llevando consigo vida, manifiesta que no es partidario del método, ya que se hace necesario sólo uno o dos.
Además aclara que en su práctica no congela embriones, ya que respeta la vida. Añade que para evitar atentar contra la vida de los embriones, la mejor forma es guardar las muestras sin fertilizarlas y así si tienen que desechar no se pierde una vida, porque los ovocitos y espermas en sí no tienen vida.
De acuerdo con Bárbara Iñigo, quien es madre de un niño de un año, por medio de la reproducción asistida, los procesos de la ciencia médica le permiten a madres como ella hacer su sueño realidad.
Cuenta que primero los médicos la sometieron a tratamientos, pero cuando pasaba el tiempo y no veía resultados era un luto, por lo que aconseja a las parejas con problemas de infertilidad a intentarlo con las técnicas de reproducción asistida, ya que es un método más seguro y menos doloroso emocionalmente.
Sostiene que para querer a un niño no es necesario siquiera que sea hijo biológico y el apego maternal nace con cada síntoma y movimiento del bebé, por lo que, no concebirlo en una fertilización normal no le resta el amor que se le tiene a un hijo.