El número de niños obesos en Panamá ha llegado a niveles epidémicos, francamente alarmantes. Para este problema, la única real solución que puedo ver como médico familiar y entrenadora personal es ofrecerle a nuestros niños y niñas más oportunidades para que jueguen; especialmente al aire libre y sobre todo con otros niños.
Cuando yo era niña (y no hace tanto tiempo de eso), en mi barrio habían varios parques, campos de fútbol y baseball y canchas de baloncesto. Y aunque admito que casi todas estas "instalaciones" deportivas eran mayormente improvisadas y en ocasiones estaban en estado precarios, el punto es que estaban disponibles y eran utilizadas a diario por los niños y adolescentes de la comunidad. Los adultos brillaban por su ausencia; y sin supervisión rondábamos sin rumbo definido en nuestras bicicletas y patines. Y aunque regresábamos a casa sudorosos y sucios, nunca consideramos que habíamos estado haciendo ejercicios. Sencillamente habíamos estado jugando.
Hoy no tan niña, manejo mi auto y noto que mucho ha cambiado. Muchos campos han sido invadidos por edificios y casas. Y aunque algunos campos de juego siguen disponibles, no veo a los niños afuera jugando en los parques. En su lugar, ahora están los adultos haciendo ejercicios, corriendo, montando bicicletas, jugando baseball o fútbol. Ahora los niños se quedan mayormente dentro de las casas, probablemente frente al televisor o la computadora. Hoy por hoy, los niños prefieren jugar de manera virtual, y los adultos más y más ocupan los espacios libres que dejan los niños.
Esta transformación se ha visto a escala mundial, no solamente en nuestro país. Y estamos pagando un precio bastante alto. Nuestros niños están más obesos que nunca y les espera un futuro aterrador. Si un niño o niña no adelgaza antes de los 20 años de edad, su expectativa de vida se ve reducida hasta por 20 años. Los niños y niñas obesos son más susceptibles a la diabetes, enfermedad cardíaca, asma y depresión que los niños y niñas que mantienen un peso adecuado. ¡Estudios científicos revelan que el número de días que pierden de escuela, el número de visitas médicas al año, y la actividad física de los niños y niñas obesos hacen que su calidad de vida sea comparable a la de los niños con cáncer que reciben quimioterapia!
Atinadamente, los medios de comunicación resaltan en gran medida la responsabilidad de los restaurantes de comida rápida con sus raciones super agrandadas de sal, grasa y colesterol. En efecto, el tamaño de las papitas fritas, hamburguesas y sodas que se sirven en estos restaurantes ha aumentado de un 16% a un 52% desde 1977. Pero, la mayoría hacen mucho menos énfasis en la inactividad de los niños y adolescentes. Nuestros niños adolescentes son hoy 13% menos activos físicamente que en 1980. Esto representa muchas calorías no utilizadas.
¿Y que hay de los programas de deporte organizados? Pues, aunque hoy tenemos más y mayor variedad de programas formales, nuestros niños y niñas no participan de estos programas tampoco. Quizás sea porque los adultos estamos muy ocupados para transportarlos a las actividades, o porque el precio no es accesible para todos los estratos sociales. En muchas escuelas, hasta eliminan las clases de educación física del curriculum escolar cuando los estudiantes llegan a un cierto grado, porque "necesitan utilizar el tiempo para actividades curriculares más importantes. ¿Qué puede ser más importante que la salud y la condición física de un niño? Acaso no es en la niñez y durante la adolescencia cuando se aprenden y se integran actitudes y conductas vitales que redundan en una edad adulta más saludable?
Afortunadamente, los niños no siempre requieren programas formales, maestros o entrenadores para "ponerse en forma". Una de las formas más eficaces para lograr que realicen ejercicios es soltarlo en un campo de juego y permitirles jugar en libertad. Un niño de 75 libras quemará unas 90 calorías manejando bicicleta por 45 minutos. 90 calorías son el equivalente a una galleta de chocolate. Si el niño corre son sus amiguitos por el parque por una hora y luego agachados pasan 15 minutos más observando hormiguitas, quemará unas 200 calorías. 200 calorías son el equivalente a una galleta de chocolate más una soda regular. Un cálculo matemático sencillo demuestra que con mínimos cambios dietéticos, el niño podría perder hasta una libra por mes.
Entonces, la pregunta es, ¿qué es más fácil, lograr que un niño deje de comer galletas de chocolate o lograr que juegue desenfrenadamente con sus amiguitos en un parque? En conclusión, si a los niños los dejamos ser verdaderos niños aunque sea una vez al día, seguramente podremos revertir la creciente epidemia de obesidad.