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La brújula del barco "Sinclair"


Tengo que confesar públicamente cuánto me ha costado redactar esta nota en homenaje a doña Olga Avila de Sinclair, esposa de nuestro gran colorista panameño Alfredo Sinclair, quien sin duda ha sabido encaminar sabiamente a sus tres hijos, Jorge, Miguel y Olguita Sinclair.
Y es que de sólo escuchar a estos tres hijos expresarse tan bellamente de su madre, se le hace a uno difícil la tarea de condensar en pocas líneas el inmenso amor y agradecimiento que le profesan...
Doña Olga y Alfredo Sinclair, quien precisamente llega hoy a la edad de 89 años, ya han compartido la mitad de un siglo de vida matrimonial. Se conocieron cuando ella trabajaba en una tienda ubicada en el barrio de Santa Ana.
Un día, con algo de dificultad monetaria, él necesitaba comprar una escalera. Ella le aplicó su descuento de empleada para que se la pudiera llevar... Esto lo flechó y para resumirles la historia, su gran sueño de irse a vivir a París, se esfumó, al tiempo que cambiaba su horizonte junto a ella.
Desde entonces, y tal y como reza el adagio: "Detrás de un gran hombre hay una gran mujer", doña Olga ha apoyado al maestro Sinclair en todo momento, especialmente durante sus primeros años de pintura, cuando el arte en Panamá apenas florecía.
Era ella quien atendía toda la parte administrativa, pero adicionalmente también era su apoyo emocional a la hora de los sueños frustrados, las ilusiones rotas y las ideas no concretizadas.
Pero, además del apoyo espiritual y emocional, fue precisamente doña Olga quien lo impulsó a sacar las obras del país, y gracias a esa visión y al hecho de que muchos bancos compraron pinturas en la década de los 70", pintores como su esposo surgieron de la pobreza y cumplieron sus sueños.
Sus hijos aún recuerdan cuando los domingos les decía a las nueve de la mañana: "¡Párense... Tú vas a la misa y tú también... Tú te pones a estudiar porque mañana tienes exámenes..! Aquí yo no quiero hijos de famosos, ni hijos de holgazanes, ni hijos de estatuas, porque su papá está haciendo su carrera y ustedes tendrán que hacer la suya, porque lo que su papá está haciendo es para él y ustedes tres tendrán que hacer lo suyo en su momento".
Para Jorge Sinclair, hijo mayor de la familia, quien actualmente es uno de los mejores médicos de Cuidados Intensivos en nuestro país, doña Olga es una madre extremadamente amorosa y responsable, quien, a Dios gracias, nunca dio cabida al paternalismo ni al malcrío.
"Es una mujer que siempre buscó las mejores metas para sus hijos, sacrificándose y dejando de hacer muchas cosas para guiar a su familia... Nos enseñó el acto de la responsabilidad, los principios de ética y seriedad que hoy día tratamos de seguir".
Este joven profesional, quien durante su adolescencia ganó varios premios de pintura en el país, incluyendo los Juegos Florales cuando estudiaba en el San Agustín, asegura que doña Olga, además de ser su madre, siempre ha sido su gran amiga, acompañándolo en todo momento esté donde esté.
"Ella ha sido el pilar de la familia porque mi padre, como gran artista que es, también se apoyó en ella para ser Alfredo Sinclair... Ella ha sido el apoyo de mi padre y el apoyo de nosotros... Ella es la brújula que ha orientado el barco de la familia Sinclair".
Continuando con la vena artística; Miguel Sinclair, además de ingeniero, pinta desde 1992 y actualmente se encarga de los negocios de su padre. Personalmente le asombra cómo su madre puede tener en mente tanto a sus tres hijos como a sus diez nietos.
"Tiene la capacidad de ocuparse de toda la familia... Ella es el epicentro que se encarga emocionalmente de toda la familia, además siempre tiene el consejo a tiempo, así como la palabra de amor y de aliento".
Miguel asegura que, aunque muy seria, doña Olga es sumamente cariñosa, con imagen de estricta y fuerte, pero siempre en la búsqueda de proteger a su familia.
"Mi madre es para mí la persona que más ha influido en mi vida, tanto que lo que soy, en un 90%, es gracias a ella... Desde que nací, mi niñez, mi adolescencia y después ya de adulto, es la persona que realmente ha sido determinante por su amor, sus cuidados, consejos, disciplinas y regaños... Si yo hubiese tenido otra madre, yo no hubiese sido, hoy por hoy, lo que soy".
Que un artista como Alfredo Sinclair viviera de la pintura, no era raro, pero que lo llegaran a hacer dos en la familia, sería mucha suerte. Eso es lo que pensaba doña Olga al saber que su hija quería ser pintora. Es por ello que estudió Magisterio, "por si no le resultaba el arte"...
Sin embargo, según Olguita, su vena artística fue más fuerte que la visión de su madre. "Ella olvidó que a la vez que me inculcó el sentido de la disciplina y la responsabilidad, yo asumí que estaba en Madrid aprendiendo a pintar, gracias al esfuerzo de mis padres... No se dio cuenta de que eso mismo que me inculcó de la disciplina y del amor propio, entre otras cosas, fueron mis armas para que me decidiera a ser pintora y que a las finales triunfara en ello".
Hoy, con orgullo, esta gran artista manifiesta que es producto de esa educación férrea, de que "cada uno tiene que abrirse su camino". A la fecha, cuenta con 30 exposiciones individuales en su curriculum y hasta llegó a plantearse que, si se lo propone, puede llegar a ser mejor artista que su padre.
"Mi madre nos hizo personas visionarias, con sueños, trabajadores y, sobre todo, luchadores, porque ninguno de nosotros es conformista", asegura Olguita, quien recuerda que en su adolescencia, cuando nadie la sacaba a bailar ni a salir, su madre la apoyaba diciéndole que su hora no había llegado.
"Me decía: "¡Tranquila, prepárate, estudia y ocúpate, porque luego vas a causar admiración de las personas que te rodean..! Recuerdo que con esa idea me fui a estudiar a España, erguida, alta y delgada, con la bufanda de Christian Dior, que ella me compró con tanto cariño". Para Olguita, su mamá es su mejor amiga, es la persona que más admira, sobre todo, por su discreción y por haber apoyado a sacar a una familia.
"El sueño panameño de triunfar viniendo de esferas humildes es logrado gracias a personas como ella... La veo como una mujer que hay que admirar e imitar, sobre todo en su amor combinado con su sentido de la disciplina, porque muchas madres creen que sólo se trata de amor, pero no hay disciplina... Quien ama, educa, y ella es una educadora nata".


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139424
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América