Cuando la pareja se casa, la idea es que van a compartir sus vidas y a tratar de formar una familia basada en el respeto, la unidad, la cooperación y la buena comunicación.
Pasada la luna de miel, muchas cosas cambian, precisamente por falta de preparación de la pareja para ampliar su tolerancia, comprensión y empatía y producto muchas veces de la falta de diálogo y la prevalencia de intereses individuales sobre los de ambos. Igualmente, los problemas económicos si no son manejados con cautela y si acaso tanto el hombre como la mujer no trabajan, vienen a ser motivo constante de discusión, por cuanto es sumamente necesario que busquen fórmulas para organizarse mejor, administrar de manera más productiva los ingresos familiares y hasta crear fuentes alternas de ingresos que les permitan seguir navegando en la misma dirección y no sucumbir ante las tentaciones de irse endeudando paulatinamente hasta el punto de que no sólo se afecta el balance económico sino la relación en pareja.
Siempre que alguien en la familia se perjudica, todos (hijos/as, madre y padre) salen heridos o afectados, por lo que antes de tomar alguna decisión unilateral es preciso dialogar y llegar a un acuerdo. Es necesario escuchar todas las opiniones, porque, la idea es sumar ideas, no restarlas. ¿Cuántas veces no sucede que sólo opinan los adultos y resulta que las sugerencias de adolescentes o niños/as tienen más sentido o son más prácticas?, pero prefieren se obviadas solamente por esta idea errónea de que papá y mamá o las autoridades siempre tienen la razón.
En la convivencia familiar, se necesita, igualmente negociar y he allí que esto implica ceder en algunos casos, pero esto no debe ser visto como "perder", sino más bien como colaborar para que haya paz, para que se avance, para que se logren acuerdos y todas y todos salgan satisfechos.
Cooperación es otro elemento esencial para que la pareja y la familia no se estanquen y para evitar que haya quienes se sientan que son utilizados/as, victimatizados/as o que se les deja toda la carga y responsabilidad hogareña. No es tan fácil nada para la mujer hacer el papel de administradora de las finanzas hogareñas, cuidadora de la salud y bienestar familiar, responsable de la crianza infantil y juvenil, mensajera, compradora, pagadora de cuentas, árbitro cuando hay desacuerdos, aseadora, amante, esposa, compañera, psicóloga, docente, detectadora de anomalías en algún miembro de la familia, acudiente, trabajadora manual, jardinera, planchadora, lavandera, enfermera, cuidadora y alimentadora de mascotas, recepcionista, cocinera.... Y si no que lo digan los padres que por razones del destino han quedado viudos o se les ha dado en tutela a los/las hijos/as.
Ubicarse en el lugar de los demás ayuda a superar diferencias, preguntar cómo se sienten cuando se les dice "X" cosa o se les trata de una manera que para quien lo hace puede parecer lo más normal, pero para quien lo percibe puede ser hiriente, estigmatizador, es saludable si se desea unidad familiar. Se requiere saber que se trata de personas con caracteres desiguales, cuya edad y otras esferas de relaciones diarias varían también. A la par, es de gran ayuda ser observadores de la conducta de aquéllos con quienes se convive, de los seres queridos, para comprenderlos, aprender a conocer nuevas facetas de su personalidad y poder hablarles en su lenguaje y de cosas que les interesan, porque por diferencias en prioridades vitales y en enfoques también hay riñas hogareñas y laborales.
Insistimos, la mejor manera de usar la comunicación como instrumento de unidad social en el hogar es dando cabida a que todos y todas opinen y pidiendo disculpas cuando se ha herido susceptibilidades, porque, hay que admitir que a veces los ánimos se exaltan y se dicen cosas sin razonar. Pero, lo ideal sería evitar enfrentamientos verbales y cuánto más los físicos y para esto las dosis de paciencia y de tolerancia deben aumentar en esta vida en que se está sujeto a tanto estrés y en que la competencia invade los hogares con pobres cimientos de sensibilidad, respeto y cooperación.
Entender que no es asunto de medir fuerzas, sino de unirlas, y talentos, al igual que iniciativas y sueños, es importante para que la familia subsista en armonía y se eviten tantos cuadros de violencia intrafamiliar que mantienen en crisis muchos hogares de Panamá y el mundo y que causan luto, frustración y dividen a personas que inicialmente parecía que se amaban y tenían un proyecto común de vida.