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La Familia: Institución Insuperable


El hombre, "corona de la creación", por un instinto gregario, ha requerido, a través de su historia, de la convivencia en sociedad. De la vida nómada pasamos a una vida más estable, ocupando un territorio y convirtiéndonos en seres únicos dentro de nuestra especie, pero satisfaciendo nuestras necesidades y desarrollando nuestras potencialidades y talentos en la interacción continua con nuestros semejantes.
Ya sea en cualquiera de los ámbitos del quehacer diario en que nos ubiquemos, las mayores satisfacciones y realizaciones personales las obtenemos en gran medida a través de la realización de otros en ese compartir desprendido y desinteresado, con quienes son figuras significativas en nuestro existir.
Es en el seno familiar donde recibimos y damos nuestras primeras manifestaciones de afecto y donde nuestros actos primeros bruscos e instintivos, y luego más específicos y maduros reciben las manifestaciones de aceptación o rechazo que va determinando las bases firmes o débiles que enmarcarán nuestra personalidad, estabilidad emocional y nos proveerán de un determinado código moral y sistema de valores a los cuales, en gran medida, responderá nuestro accionar o formas de comportarnos, ya que tienen mucho que ver con la manera de ser y manifestarnos.
La familia "base de toda sociedad", como suele llamarse, ha sufrido al igual que muchas otras cosas que han sido mérito de valores a través de los tiempos, de una apreciación desvirtual y desvalorizante.
La familia, integrada por excelencia por progenitores e hijos y, en forma extendida por abuelos, tíos o primos, pasa a ser casi un mito y ahora vemos cómo es común y frecuente el tratar el tema de las familias no constituidas o desintegradas, donde la forma generalmente sólo uno de los progenitores y sus hijos o, en forma extendida, respondiendo generalmente a una necesidad de índole económica o de conveniencia, se suman algunos de los otros miembros parentales que aportan algo a la economía doméstica.
A la ligera, aceptamos sin muchos prejuicios la situación de la madre soltera, hasta el punto de que en otros países reciben una ayuda o apoyo económico con implicaciones legales.
Es así como, entonces, el concepto de familia puede ser diferente para muchos, pues para algunos hijos la suya está constituida por ellos y es madre o padre que, aunque aspiren por sí solos llegar a ser "madre y padre", es un objetivo que nunca podrán lograr, pues no se puede suplir el rol o papel que le corresponde al otro y menos cuando éste es una figura tan importante y significativa en la formación integral del ser humano.
Vemos cómo en las especies inferiores, el papel de la madre es irremplazable y cómo éste, con celos, cuida de sus crías, junto al macho que protege a su manada.
Sin embargo, es lamentable tener que aceptar que en nuestra posición privilegiada dentro de la creación, muchos progenitores legan el tesoro de su relación al cuidado de terceros, sin escrúpulos ni remordimientos, haciendo así desdichados a quienes no pidieron ser traídos a este mundo y dándole responsabilidades que deben ser propias, a quienes no deberían tener por qué asumirlas.
En el medio profesional en que nos desenvolvemos hemos podido tratar con tristeza a muchos niños que son producto del abandono, ya sea del padre o de una madre irresponsable, viendo cómo cada día se hace más frecuente esto por parte de mujeres que abandonan el hogar donde incluso su aporte económico era significativo para la subsistencia de la familia.
¿Hacia dónde caminamos?, ¿Quién o qué dirige nuestros pasos?, ¿Hay una libertad mal entendida?, ¿Nos dejamos seducir por propaganda y mensajes sublimales mal intencionados?. Detengámonos por un instante y mirémonos en ese espejo retroactivo de nuestras vidas y con madurez y sensatez, pero ante todo por esa calidad humana que nos debe revestir, evaluemos nuestras acciones y démosle un nuevo rumbo a nuestras vidas, donde seres inocentes no salgan perjudicados.
Es preocupante el índice de divorcios o parejas en vías de separación que a nivel estadístico confrontamos en nuestro país resultando lacerados cada uno de los que integran la unión familiar.
En el ámbito escolar, un docente puede percatarse, como a través de un termómetro, por sus alumnos de la situación familiar de cada uno de ellos, ya que éstos dejan traslucir a través de cambios en su desempeño académico y repertorio conductual la situación por la que atraviesa dentro de su seno familiar.
Nos da mucho dolor ver cómo niños inteligentes, con buen estado de salud física, se convierten en autómatas, retraídos, inhibidos, sin voluntad o bien en "rebeldes sin causa", con una gran agresividad reprimida y, en muchos casos, desplazada o manifiesta provocada por situaciones violentas, traumáticas o frustrantes que viven diariamente en casa.
Estos niños y jóvenes no entienden cómo unos padres que se amaban, comprendían, entendían y respetaban, se convierten de pronto en enemigos y cómo él tiene que resignarse a ser huérfano de padre o madre cuando sabe que éstos no han fallecido. ¿Cómo aceptar (porque lo dice un documento legal) que tiene que compartir un tiempo determinado con el progenitor que no ganó su custodia, en muchas ocasiones en contra de la voluntad del otro?
¿Cómo resignarse a ser utilizados? Todo esto los lleva a desarrollar sentimientos muy encontrados de amor y odio hacia quienes, para su entender, ya "no les importan" o "no los quiere", llegándose en muchos casos a culpar de la desdicha o fracaso en cuanto a no haber podido ayudar a mantener esa envidiable y anhelada unidad familiar.
Consideramos que todos tenemos el derecho de vivir una vida, pero feliz y en abundancia, y nadie tiene la potestad de truncar esa felicidad que es propia de todo ser sobre la tierra con actos que en muchos casos responden a orgullo mal entendido, soberbia, egoísmo, egocentrismo, rabia, incapacidad para aceptar y enmendar errores y en el peor de los casos a la falta de disponibilidad para poder, a través del arma más poderosa de que disponemos, "la comunicación sana y madura" salvar diferencias y anteponer intereses personales en pro de quienes deben ser la razón de nuestra existencia, producto de un acto de amor: "Los hijos".
Hagamos de cada familia panameña un templo y coloquemos en su sitial de honor al sentimiento más sublime "el amor" para que no tenga cabida la falsedad ni la violencia que tanto vemos expresarse a través del maltrato físico y/o psicológico entre sus miembros y donde cada uno de ellos mantenga su dignidad.
Cultivemos en nuestras familias las buenas costumbres y tradiciones en un ambiente de fraternidad, camaradería y confianza para que les demos a nuestros hijos la oportunidad de acercarse a satisfacer no sólo sus necesidades básicas sino sus curiosidades, inquietudes, dudas, temores, mitigar ansiedades y angustias, vislumbrar un futuro promisorio y vivir un presente grato y pleno.


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64218
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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