Muchas mujeres de mediana edad, que han entrado en la menopausia, se sienten satisfechas sin actividad sexual. Pueden estar felizmente casadas o solteras y, por razones físicas o emocionales diversas, no desean mantener relaciones sexuales, de momento, con su esposo o compañero.
Se conoce el caso de ciertas parejas que sólo requieren compañerismo, cariño y proximidad no sexual, como elementos suficientes para la satisfacción de sus necesidades físicas y afectivas. La abstinencia, entonces, es una elección que puede ser considerada perfectamente normal. Los problemas surgen, obviamente, cuando una pareja está en desacuerdo con su práctica o con sus deseos sexuales, o cuando una de sus partes se frustra a causa de la abstinencia, mientras la otra no parece preocuparse en lo más mínimo por la cuestión.
Sin embargo, existen claros indicios de las ventajas de una regular actividad sexual. Manteniendo una constante, aunque no continua, vida sexual es posible experimentar alivio respecto de ciertos síntomas negativos de la menopausia. Según el informe de la psicóloga Norma McCoy y del fisiólogo Julián Davidson, es menso probable que una mujer menopáusica experimente los así llamados "sofocones" o "tuforadas", si continúa experimentando placer y desahogo en sus relaciones sexuales. Asimismo, se señala la existencia de una estrecha asociación entre el incremento de irregularidades en los ciclos menstruales, en plenitud y frecuencia, si se efectúa una merma en el ritmo de la relación.
La discontinuidad de la plenitud y otros síntomas aparejados puede tener un efecto de inapetencia que se refleja en la conducta sexual. Asimismo, la actividad sexual con carácter regular ejerce una acción protectora contra el descenso hormonal y, por el contrario, la falta o ausencia de dicha actividad, entre la plenitud y la reducción de la frecuencia del trato sexual, puede resultar una tercera variante.
LA CRISIS DE LOS 50
Es interesante considerar la crisis que en general se verifica en las mujeres menopáusicas. Al cruzar el umbral de los 50 años, las señoras suelen considerar que, en esta nueva etapa de la vida, comienzan a perder el atractivo y la belleza. Se precipitan así en una nociva autocompasión. Si bien es cierto que la edad puede presentar algunas reacciones que conllevan actitudes difíciles, siempre es posible hallar soluciones y remedios específicos para combatirlas.
Algunos estudiosos - en diversas encuestas- preguntaron a mujeres entre los 45 y los 50 años cuál era el efecto de la menopausia que ejercía más influencia en su pareja. La respuesta fue casi unánime: la alteración vaginal o reducción de la lubricación de la vagina. Este factor fisiológico origina trastornos físicos y psíquicos en las mujeres, en general disconformes que la nueva experiencia que genera dolor e incluso hemorragias durante el trato sexual, causados por las paredes de la vagina que, faltas de una lubricación cíclica, vuelven a ser más delgadas y secas. Este inconveniente deja de ser tal mediante un tratamiento hormonal o un lubricante vaginal, como aceite para niños, jaleas o aceite mineral.
ACCEDER A UNA NUEVA ETAPA
Por último, no hay uniformidad de criterios en cuanto a la cuantificación de la actividad sexual. Algunas mujeres aseguran que con la menopausia se reduce notablemente la intensidad de su respuesta sexual. Otras, en cambio, afirman que tal respuesta es placentera antes de alcanzar la menopausia, casi siempre las repiten e incluso algunas incrementan sus respuestas, principalmente al perder el temor a quedar embarazadas.
Lo importante, en la edad "crítica", es aprender a luchar contra el stress. La mediana edad no debe significar abatimiento en ningún sentido y mucho menos en cuanto a actividad sexual se refiere. Simplemente se accede a otra etapa de la vida que, con sus propios problemas y sus soluciones específicas, puede y debe ser vivida a plenitud.