Variedades

La niñez y la juventud tienen la palabra


Desde tempranas horas comienzan los preparativos para cerrar el Año 1998 y decimos un ¡hurra! para dar la bienvenida al Año Nuevo que viene cargado de sorpresas. Se le espera con júbilo con la esperanza de que cada hoja del calendario conlleve experiencias positivas y logros que conduzcan a mejores días para todos los pobladores del común hábitat que es el planeta Tierra.
Abundan los planes y las expectativas son altas. Tanto para chicos como para grandes. De allí que quisimos conocer la posición de niños, niñas y adolescentes respecto al 1999 y si estuviera en sus manos tomar decisiones trascendentales para mejorar el mundo, qué acciones específicas tomarían.
Buscar fórmulas para reducir la pobreza y el sufrimiento, para preservar la naturaleza, castigar a quienes hacen a la gente víctima de las drogas y procurar la felicidad de la niñez fueron las principales intenciones enunciadas por los y las entrevistados/as, cuyas edades oscilan entre los 6 y los 15 años.
Nuestra primera entrevistada, Marelis Quintero, de 7 años de edad, quien es alumna del 2do. Grado del Instituto Bilingüe Santa María La Antigua manifestó que ella haría que los niños que viven en América Central sean felices y que no estén viviendo tan pobres y tristes como están (sobre todo después del Huracán Mitch). "Yo les daría un hogar en qué vivir", expresó.
NO CORRAN TAAANTO...
Armando Macías, entre tanto, alumno de la Escuela Martin Luther King, residente en Paraíso, Calle H, dijo que "yo ayudaría a resolver los problemas de los pobres. Y haría cambios para que los ladrones no puedan escapar de la justicia, para que no roben y no maten más. Y les diría a los que conducen que no corran en las carreteras porque hay muchos accidentes y muertes".
UN PLANETA LIMPIO
Las hermanitas Gómez, Rifka Yurisa y Rifka Gisel, de once y ocho años respectivamente, ambas estudiantes de la Escuela República de Corea y residentes en Samaria, también opinaron. Rifka Yurisa piensa que es importante hacer que la gente "deje la droga. Que no haya tantos peligros para niños y jóvenes, que dejaran de estar en la miseria, que se proteja a los niños y que no se les deje abandonados". Para Rifka Gisel un aspecto al que hay que prestar atención es que hemos hecho del mundo un basurero gigantesco. Por ende, expresó que algo que se debe hacer ya es: "no tirar basura, no haber más matanza, alejarnos de la droga, no fumar y hacerle caso a los padres".
Un poco parca en el hablar, mostrando sin embargo una hermosa sonrisa, la niñita Andrea Martín, de 7 años, quien es estudiante de primer grado del Panama School demostró su gran sensibilidad a tan temprana edad frente al prójimo cuando expresó que había que ocuparse de que los niños pobres tuvieran comida y juguetes. Ella piensa que todos tienen derecho a ser felices con su familia y no ser olvidados por la gente.
LO QUE FALTA ES AMOR
Xenovie Stephanie Concepción, por su parte, tuvo también un hermoso mensaje de amor, esperanza y optimismo para 1999. Si de ella dependiera, garantizaría "que todos los niños que son pobres en el año que viene no sean tan pobres como lo son ahora y lo han sido porque nadie se ha preocupado por ellos. Que consigan a alguna persona, que les duela verlos así y les den aunque sea un dólar o un pedacito de pan y un poco de amor".
Los adolescentes estuvieron representados por Alexander Hurtado (de 13 años), Yamisel Arrue (de 15 años), Gina González, Luis Benítez y Antonio (de 14 años), quienes se refirieron a temas como la justicia, la solidaridad, la Tercera Edad, la falta de sitios para que la juventud y niñez se diviertan sanamente y la necesidad de abogar por la protección del medio ambiente. Alexander estudia en el Primer Ciclo de San Miguelito y vive en Torrijos Carter. El piensa que podríamos construir un mundo mejor siempre y cuando se controle el mal. Y, específicamente dijo que " a los maleantes los metería presos. Prohibiría a la gente fumar, cortar árboles, incendiar los bosques...".
Yamisel, por su parte, quien es alumna del Instituto Episcopal San Cristóbal siente que algo fundamental es "mejorar la justicia". Además, es pertinente "ayudar a los pobres y que cada persona aprenda a ser más responsable y comprenda que nos necesitamos unos a otros y al medio ambiente para sobrevivir
"Los ancianos" deben ser vistos con mejores ojos, según dijo Gina González, de 12 años, del Instituto Episcopal San Cristóbal. La soledad que está matando a las personas mayores porque necesitan afecto que les es negado por la sociedad preocupa a esta niña que en su transición a la adolescencia comparte sentimientos de bondad que caracterizan a la juventud panameña que anda por buen camino y con la guía acertada de sus padres, adultos y amigos. A ella también le inquietan los daños que se están haciendo al medio ambiente y piensa que debemos cambiar de actitud, porque esto afecta a todo el mundo y total si nada más tenemos este hogar compartido que es la Tierra, hay que dividirse la responsabilidad de cuidarlo.
Ayudarse unos a otros, aunque no se conozcan, porque, para hacer el bien no hay que verle el rostro a la gente, sino compenetrarse de su necesidad que puede estar en nuestras manos satisfacer es prioridad a juicio de Luis Benítez, de 12 años. Estudia en un colegio en Cerro Viento, donde cursa el segundo año y plantea que la juventud anda descarriada es porque le falta apoyo de la sociedad, ya que "no hay casi lugares para divertirnos sanamente y sin peligros". El defiende el derecho de los jóvenes a disfrutar la vida protegidos por los adultos, porque en la medida en que haya más canchas deportivas, centros de distracción y otros lugares por el estilo, las energías se canalizarán más positivamente.
Antonio, a sus 14 años hizo un llamado para poner un alto a la violencia que pone murallas entre los seres humanos que deben vivir hermanados. Expresó su pesar por la prevalencia de la pobreza, la material y la espiritual. Dijo que sus esfuerzos estarían encaminados a "eliminar el odio y la pobreza". Además, su deseo es "que no existiera el hambre. Que la vida no fuera tan difícil".
LA LLAVE INFALIBLE
Finalmente, la pequeña Jennifer Seale, de ocho años, reconoció en el amor la llave que abre corazones y que engrandece al individuo. Si hubiera más amor, manifestó, no habría maldad, ni drogas, ni niños en la calle, abandonados y tan necesitados de que alguien les haga saber que sí importan, que su felicidad es asunto de todos.
Con tan buenos deseos que salen de lo profundo del corazón de cada uno y cada una de los niños, niñas y adolescentes entrevistados, no cabe duda de que un mundo gobernado por ellos tendría sólidas estructuras que permitirían el reinado de la justicia, la paz, el amor y el respeto al ser humano como la obra más perfecta de Dios.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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