Variedades

La terrible realeza


Las historias de Diana y Carlos no son nada en comparación con las crónicas de los reyes ingleses de otros tiempos. Si usted se asombra de que a la reina Isabel no le haya dado un patatús con todo lo que ha pasado en su familia, posiblemente debe enterarse de que la angustiada monarquía de los Windsor ya está acostumbrada a esto. De niña, ella tuvo que estudiarse las crónicas que narraban las vidas de los reyes ingleses y a esa temprana edad aprendió que, hace siglos, ya sus parientes habían formado escándalos mucho peores de los que ha visto en el Palacio de Buckingham.
Uno de los primeros reyes de Inglaterra, Eduardo II, le dio las riendas del poder a un favorito con el que mantenía relaciones homosexuales, lo que causó la ruina del país.
El Rey, sin embargo, fue castigado, por sus cortesanos, quienes lo mataron introduciéndole un hierro encendido en salva sea la parte. Ricardo III, para poder llegar al trono de Inglaterra, no se conformó con matar a su propio hermano, sino que ordenó el asesinato de dos pequeños sobrinitos. Los niños, que eran los verdaderos herederos, fueron encarcelados en la Torre de Londres y una mañana amanecieron muertos misteriosamente.
Enrique VIII se casó seis veces y en el transcurso de estos matrimonios le mandó a cortar la cabeza a dos de sus esposas. Enrique casi siempre se enamoraba de alguna dama que pertenecía a la corte de su esposa de turno.
El rey Eduardo VII Eduardo tenía tanta debilidad por las mujeres que cuando iba de visita a París, Francia, no salía de los grandes burdeles de la capital, donde era conocido por muchas de sus empleadas.
No hay excusas, las preguntas, dudas, problemas hay que aerearlos. Si dejan este salón y cometen un delito o se meten en problemas no tienen excusa. No pueden entonces echarle la culpa a situaciones como la pobreza, falta de vivienda, empleo, adicción y debilidad psicológica para hacerle frente a esa enfermedad..., explicó el jefe de detectives del Departamento de Policía de Boston.
Hay tácticas y etapas en esta tarea. En Boston ellos usaron las siguientes:
1. Mano dura
2. Intervención
3. Prevención
Son tres diferentes acercamientos a la violencia juvenil. La etapa de mano dura debe durar entre un año o 18 meses. Luego se usan mano dura, intervención y prevención a la par. Clave, dijo una y otra vez, es tener de aliada a la población.
Las tácticas en esta lucha contra la delincuencia incluyen saber quienes son los líderes tanto los buenos como los cabecillas de pandillas, los primeros hay que conocerlos para sumarlos a la alianza y los otros para que les caiga todo el peso de la ley. Eliminándolos es más fácil trabajar con una pandilla desarticulada y desorientada, para re educarla y re encauzarla. Entonces, los miembros de la pandilla son más cooperativos, comparten más información.
En Panamá con la ley 40 tienen una gran herramienta, opinó Gosselin. Ahora bien, "el asunto no es criticar, sino determinar qué puedo hacer yo", dijo Gosselin.
El que se dio en Boston fue un cambio fundamental en el sistema de justicia, no sólo a nivel de la Policía como institución, sino del enfoque social respecto a sobre quien pesa la responsabilidad de la prevención de la delincuencia. Por eso en Panamá él se reunió con diversos estamentos responsables de la justicia, salvaguarda del bienestar de la población y sus bienes.
Se necesita mayor diálogo, hay que estar más unidos, mejores coordinados y evitar duplicidad de esfuerzos y sub utilización de recursos, concluyó el becario Fulbright.
De hecho no es tarea fácil, pero hay que buscar estrategias para convertirse en una influencia positiva, para ser agentes de cambio. "Los jóvenes tienen que sentir que nosotros estamos presente en sus vidas, que podemos ayudarles a evitar problemas en el futuro", dijo el detective.
El explicó que mediante diversas actividades preventivas a los niños y adolescentes con alto riesgo de caer en los caminos de la delincuencia se les ayuda a llenar sus ratos de ocio y a ver que hay mejores horizontes para ellos; campamentos de verano, visitas a parques de diversiones, charlas en las escuelas tanto para estudiantes como para padres de familia (sobre cómo tratar a los adolescentes, señales que indican que andan en problemas o en riesgo de involucrarse en ellos, etc.). "Es una inversión", dijo.
Es importante que la comunidad colaboradora y a la que se debe la Policía tenga una mejor relación con ésta y que ambos se vean como miembros del mismo equipo, puntualizó Gosselin, quien hizo hincapié en que los policías tienen que ganarse el respeto y confianza popular.
Se refirió también al trabajo que llevan adelante con las escuelas en donde tienen asignadas fijas unidades que son como especie de consejeros/as y en el caso de los policías varones les sirven de modelo a adolescentes de hogares disfuncionales.
La Policía trabaja junto con grupos juveniles, los docentes y otros aliados comunitarios en esta tarea de prevención y rescate. "Les enseñamos sobre pandillas, estrategias para lidiar con eso y la presión de grupo, les pedimos que cuando tienen problemas vengan a nosotros".
Hay ligas deportivas, conferencias educativas para padres (son aliados fundamentales), les enseñan sobre cultura de pandillas (graffitti, que es un aldabonazo), estrategias para evitar la violencia, para resolver problemas sin violencia y tienen campamentos de verano.
Creemos en el poder de la prevención, hay el convencimiento de que la mayoría de los niños son buenos, decentes. La tentación está afuera. Hay que protegerlos, alertarlos y darles las herramientas para que usen el buen criterio: darles oportunidades.


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138529
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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