Interiorano hasta la médula, pero conectado con la modernidad, su talento artístico marcha al ritmo de las nuevas tendencias. Esto le abre de par en par las puertas al éxito.
Se ha hecho un nombre que le ha valido el recocimiento dentro y fuera de su terruño. Su nombre, Evene Rodríguez.
Este chitreano forma parte de la llamada Escuela de Azuero, que tiene en Raúl Vásquez su figura más relevante.
La obra de Evene se conoce en Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Francia, Israel, Italia y México. Tiene en su haber más de 60 exposiciones colectivas e individuales y se anota otro logro, con "Sueños y Realidades".
"Sueños y Realidades" es una exposición especial de Evene, que inaugura It´s Art Gallery el miércoles 31 de mayo a las 7: 00 p.m. en el City Club.
El artista, de 42 años, cuya pintura describen los críticos como " modernista, de estilo figurativo deformado, con derivaciones algunas veces a lo abstracto", en las obras que exhibe en "Sueños y Realidades" apuesta por el azul. Aunque, no deja de lado las tonalidades terrosas que identifican a la Escuela de Azuero. He allí un rasgo heredado de los ancestros indígenas.
Su oferta de hoy entremezcla lo real y su aporte imaginario.
Nuevas historias de aquí..y de allá
No son necesariamente leyendas urbana ni las clásicas que cuentan los parientes del interior
En este caso podría tratarse de ¿un espanto citadino? lo cierto es que ocurre después de la medianoche (y durante las horas de la madrugada) a quienes conducen a alta velocidad.
La historia comenzó hace años cuando existía en El Cangrejo un centro preescolar. Un día los niños cruzaban la calle cuando un conductor los atropelló, muriendo en el sitio.
Ahora, según se cuenta, unos cinco niños de blanco aparecen a los conductores que transitan a velocidades no permitidas.
Es un punto ubicado en una base militar estadounidense al sur de Nevada donde supuestamente se prueban aeronaves secretas y sería el sitio donde el Gobierno de los Estados Unidos oculta información sobre OVNI.
Conocido como: Watertown, Dreamland, Groom Lake, Rancho Paraíso, La Granja, La Caja y el Área de la Dirección de Desarrollo, también sería un lugar para experimentar tecnología extraterrestre.
Muchos han presenciado extraños sucesos cerca del Área 51, aunque los escépticos aseguren que se trató de una instalación para despegar vuelos espías hacia la antigua Unión Soviética.
La historia ocurrió en la región española de Navalmoral de la Mata a una niña de 9 años cuyos padres solían salir de noche por lo que le compraron un perro.
Una madrugada, sin sus padres en casa, la niña durmió como lo acostumbraba, con su perro bajo la cama hasta que un sonido de la despertaron. La pequeña bajó la mano para que el perro la lamiese (como era su código) y al hacerlo el can, se tranquilizó y durmió.
Al despertar de mañana, descubrió en su espejo la frase "No sólo los perros lamen" escrita con sangre y su perro crucificado en el suelo de su habitación.
Según los investigadores, el perro murió horas antes del momento en que algo lamió la mano de la niña.
Si hay un espanto que puede reclamar el puesto de sobreviviente a la era digital es "La Llorona". Su lamento dejó de escucharse en las zonas rurales para retumbar en el oído de los citadinos sin intenciones de dejarse abatir por las nuevas leyendas.
Antes de la Internet, el lamento de La Llorona ("La Tulivieja" o "La Tepesa") recorría América.
En México es la tercera figura del imaginario popular, junto a la Virgen de Guadalupe y "La Malinche". En ese país se le asocia a la diosa Chihuacóatl que aparecía en colinas y ríos lamentando y presagiando la conquista española.
En Panamá, el vástago de La Llorona fue arrastrado por la corriente luego que ésta prodigara su amor a un colonizador español antes que a su hijo.
En Colombia va sucia y con el rostro consumido por el llanto. Allí, se trata de una madre soltera que echó a su hijo al río.
En Venezuela la Llorona se enteró del romance entre su marido y su madre por lo que prendió fuego a su casa para asesinarlos, sin percatarse que sus hijos estaban en ella.
La Llorona argentina no tiene rostro y trae enfermedad y muerte.