Era una de esas reuniones fortuitas. Estocolmo acogía la Semana Quirúrgica Internacional, de 1991. Acababa de presentar las últimas noticias del terreno sobre la cirugía de guerra y el tema poco conocido de las lesiones provocadas por las minas antipersonal. Un distinguido caballero de cabello cano se me acercó; lo conocía de nombre: ex cirujano militar, era el médico principal del Departamento de Defensa de un país nórdico.
Hablamos de diversos proyectiles y las heridas que causan. Al parecer, no le interesaba abundar en el tema. "¿Qué piensa de las nuevas armas biológicas". La pregunta me tomó por sorpresa porque ni siquiera las armas biológicas viejas son mi punto fuerte. "El avance de la biotecnología permitirá alterar determinadas características genéticas como la piel oscura, los ojos azules, o incluso determinados grupos étnicos". Yo pensé para mis adentros, es pura ciencia ficción. "Es más, únicamente la