Variedades

Lazos de sangre


Le diría que la amo y la quiero amar todavía más. Yo quiero el amor de madre a pesar de la edad que tengo, le pido en el nombre de Jesús que haga todo lo posible por encontrarla, porque es importante para mí y para mi familia", fue la súplica que salió del corazón de Darío de Jesús Barrios Arango, un colombiano que durante 44 años ha esperado anhelante, tener frente a sí a su madre para colmarla de besos, porque en su corazón no hay espacio para el resentimiento, sino para el amor.
El tenía poco más de un año cuando su madre, Lucía Arango Palacios, también colombiana, lo envió donde su padre para que se hiciera cargo de su crianza.
En Informe Especial titulado "44 años buscando a mi madre", Hernán Posada presentó el domingo 6 de octubre, dos entrevistas llenas de sentimiento, de un drama de la vida real que han vivido madre e hijo producto de las circunstancias y de decisiones humanas no tan afortunadas.
Sin embargo, ambos podrían vivir el próximo domingo una de las más emocionantes experiencias: su reencuentro, que facilitó el periodista colombiano Hernán Posada, a través del segmento ¿Dónde están?, de su programa Estampas Colombianas, que se transmite por Radio Caracol Panamá.
Y es que Darío solicitó al periodista, a mediados de agosto de este año, realizar las gestiones para encontrar a su madre. Y así se hizo.
"Hijo, para salvarte, para que no murieras, yo te puse en manos de tu papá", "hijo, me encanta conocerte", serían dos de las cosas que Lucía Arango Palacios diría a su hijo si lo tuviera enfrente.
Hace 43 años, agobiada por los problemas económicos y ante la imposibilidad de poder criarlo, Lucía optó por devolverlo a su padre, quien dijo que se haría cargo de la crianza de su hijo. Algo que nunca sucedió.
Ella expresó que desde que tomó esa decisión porque se hallaba en un callejón sin salida, ha vivido con ansiedad y tremenda preocupación pensando "¿estará comiendo, lo estarán educando bien, estará enfermo, lo estarán tratando bien? y mil interrogantes similares que desfilan por su mente.
"No es fácil", dice una y otra vez. En una situación similar cualquier madre haría lo mismo, aunque se le destrozara el corazón, afirmó. Su sentimiento renacen a flor de piel al expresar que "Yo no creo que pasó un día en mi vida que yo no tuviera a mi hijo en mi mente y que no orara por él. Uno sufre mucho".
Su amarga experiencia le ha dado una lección inolvidable. "Pienso que la vida es una especie de camino y que uno debe de manejarla de la mejor manera posible. Tuve un matrimonio de 30 años, hermoso. Aunque, siempre tuve un dolor dentro de mí, del cual no he hablado…aprendí que uno no puede andar cabizbajo por la vida. No puede dejarse caer. Hay que seguir adelante porque si te tumba al piso o te quedas allí o levantas la cabeza y sigues adelante con dignidad. Hay que tener entereza para recibir cada minuto de la vida".
Darío, hoy es un hombre de 44 años, que ha estado buscando a Lucía desde que era adolescente y conoció que su madre de crianza, Angela, prima hermana de su padre, no era quien lo había traído al mundo. De allí en adelante su vida estuvo marcada por el trauma y algo de resentimiento porque le echaban en cara que no sabía quien era su mamá.
Hoy esos miedos los ha superado al conocer los caminos del Señor y al comprender que nadie es infalible y que hay que aprender a perdonar y amar.
Prueba de ello, es su razonamiento actual, que en una sola frase enmarca su crecimiento interno. "No puedo juzgarla a ella como tampoco a mi papá", quien además tiene otros 28 hijos con diferentes mujeres y del cual no ha recibido apoyo moral ni económico, mucho menos cariño.
Como siempre ha anhelado podrá presentarle con orgullo a sus hijos de 7, 3 y 1 año, a su abuelita.
Actualmente Lucía se dedica a orientar a mujeres jóvenes. A enseñarles virtudes, a que adquieran dignidad propia, que aprendan a respetarse a sí mismas y que a sus hijos procuren inculcarles conocimientos generales, lo mismo que las virtudes y el enriquecimiento del alma.
Coincidencialmente, ambos, tanto hijo como madre, se describen tal y como son actualmente, al responder a la pregunta del periodista Posada ¿Cómo te lo/la imaginas?. Impresiona que ambos han acertado de tal manera que el entrevistador no sabe cómo interpretarlo. Coincidencia y similitud son las palabras que Posada utiliza para calificar diversas situaciones que se han dado en la vida de los protagonistas, cuyo futuro espera tener un feliz final.
Sí, similitud en el perfil como seres humanos y coincidencia en los lugares hacia los cuales los ha conducido su peregrinaje personal y laboral, como hijos de Dios al que ambos aceptan como el Padre.
"Siempre sentí que un día mi hijo me iba a buscar. Siempre esperé este momento", expresó Lucía, en tono emocionado, quien considera que esa arruga que ha permanecido en su alma, se plancharía, al volver a verlo.


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102942
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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