Variedades

Lazos de sangre dañinos


La familia ideal no existe. Esos bellos cuadros donde todos están felices y cantan al unísono, están muy lejos de la realidad. En las familias, al igual que en cualquier grupo humano, hay distintos roles, proyecciones y personalidades y no siempre estas distintas maneras de pensar y actuar pueden llevarse bien.
No nos referimos a una simple rivalidad, sino a esas relaciones tóxicas que amargan la vida, te envenenan el alma y que las más de las veces afectan a terceros inocentes en el conflicto. Para ilustrarlos les contaremos el caso de dos hermanas, cada una tenía su propia familia; sin embargo, el hijo de una de ellas se llevaba de maravilla con su tía, lo que motivó unos celos absurdos en la madre. Mientras vivía el señor, había roces, no obstante, las relaciones se mantenían; pero al morir, empezó la guerra. El mismo día del funeral “las dos madres” destrozadas por el hecho, hacía cada quien su propia y descarnada representación de su dolor. Luego dejaron de hablarse, separando así a una generación de primos que perdieron la oportunidad de tratarse. Hoy veintitantos años pronunciar el nombre de una de ellas en casa de la otra es pecado mortal.

Para darnos luces con respecto a esta difícil situación familiar, preguntamos a la psicóloga María Eugenia Moreno-Góngora, quien nos explicó que es inevitable y un hecho que los padres, quieran o no, manifiestan un tipo de conducta distinto para cada hijo y que no es del todo cierto que a todos los hijos se les trate igual.
Cada uno tiene una manera de interactuar distinta y la retroalimentación o la respuesta de ese individuo, a saber su hijo o hija, va a programar la respuesta del progenitor. Lo que ellos le transmiten va a modificar su respuesta. Los padres de entrada por más que lo deseen, van a reaccionar de manera distinta.
También nos dijo que influye en el comportamiento del hijo la posición que ocupa en la familia, ésta determina el tipo de relación que tendrá el individuo con el mundo exterior. El primogénito se relaciona con el mundo de forma distinta al hijo del medio o al más pequeño. El primero es aquel con quien los padres experimentan, ellos están aprendiendo a tratar a otro ser humano en chiquito que es parte de ellos, puede surgir temor de actuar erróneamente por lo que lo pueden sobreproteger o darle más responsabilidad.
El niño o niña del medio casi siempre se siente relegado, porque no es ni el mayor ni el menor. Lo que puede hacerlo sentir menospreciado. Por su parte, al “Benjamín” tendemos a creer que es el más consentido, el que más molesta a sus hermanos. Todo esto es normal.

En opinión de la psicóloga, el conflicto es normal en cualquier relación humana, pero cuando éste se escapa de las manos por factores muchos más profundos, vienen estas rivalidades terribles. Muchas familias, como el caso que citamos al principio, rompen sus vínculos por problemas varios.
Por ello nos aconseja aprender a manejar el conflicto como algo normal o esperado. Más que enfocarnos en el problemas mismo hay que buscar las opciones para sobrellevarlo.
Los problemas de las peleas entre hermanos son normales, siempre se van a pelear y halar los pelos, empujar o quitar los juguetes y uno va a quejarse del otro.

 
Hay factores a nivel psicológicos muy profundos que pueden llegar a desvirtuar una relación filial que se supone debe ser profunda y rica en sentimientos positivos, al punto de que la gente se llega agredir. Un hermano se separó del resto de la familia por varios años. Al reintegrarse a ella, no sabía la dinámica de la misma y actuaba cómo si fuera el centro de la atención y realmente lo era, iba de una travesura a otra.
Los hermanos resintieron su protagonismo y lo vieron como a un enemigo que había tenido más oportunidades que no merecía y a quien amaban más. Resultado, se confabularon en su contra y le hacían la vida imposible. Hubo incidentes de violencia física y profundos odios y rencores. No se dirigieron la palabra por muchos años. Con el transcurrir del tiempo, no olvidaron lo sucedido, pero viven con ello. La Lic. María Eugenia nos habló de un caso en que el niño clavó una tijera en la espalda de su hermana. Sus padres reaccionaron de la manera más normal, porque opinaban que los hermanos siempre pelean. Error. Según ella, cuando ya se pone en peligro la integridad física o mental del otro no se debe pasar por alto.
Los niños pequeños no comprenden el concepto de morir o matar, pero hay que enseñarle lo que hace daño.
“Cualquier rasgo agresivo en extremo o que se salga de los patrones normales que conocemos, hay que prestarle atención. Prestarle atención sin asustarse, porque a veces las cosas no son tan graves y las hacemos más complejas, predisponiendo al niño e inventándole problemas que no tiene, hacemos que se vea a sí mismo como un problema”, agregó.

La psicóloga nos aconseja que la mejor manera de hacerle frente a las dificultades que no podamos manejar por nuestros propios medios es buscar ayuda profesional. Las personas tenemos que declararnos impotentes ante el problema y buscar ayuda.
Muchas veces el problema no es de los niños, sino de los padres, quienes no han aprendido a manejar sus propios desacuerdos y lo proyectan a los niños. Opina que los pequeños muchas veces son síntomas de conflictos que se dan en el seno familiar, de los que los padres no se dan cuenta, pues son parte del problema.
Hay situaciones que podemos resolver y otras que no. En este caso debemos practicar un poco la aceptación y admitir que la relación que todo el mundo me ha dicho que tiene que ser la mejor del mundo no lo es.
Es un proceso muy doloroso que implica ir “quemando” ciertas etapas y madurar hasta aprender que el ser familia no implica llevarse bien. Tenemos que aceptarlo y aprender a vivir con ese hecho. Ese proceso que no es nada fácil necesita ayuda, orientación y enfoque.
Hay algo que se llama poner distancia geográfica o emocional. La experta lo aplica mucho. Se hace reflexionar al paciente en todo el esfuerzo que ha hecho y que no ha tenido frutos, y en el hecho de que no podemos cambiar a otros, sino a nosotros mismos. “Comienza por cambiarte tú misma y acepta el hecho; quién quita que la otra parte con el tiempo al percibir un cambio en ti, cambie. Si no es así, vive con eso. Nos guste o no todas las relaciones son armoniosas y no siempre los hermanos son los mejores amigos. Déjalo por lo sano, tú por tu lado y yo por el mío, eso sí, si algún día tú necesitas de mi ayuda, quiero que sepas que estoy contigo hasta donde sea”, dijo para concluir.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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