Los árboles convirtieron el mundo en un lugar más habitable hace 400 millones de años con la reducción del CO2 atmosférico, un proceso que ahora se ha invertido por la combustión de los derivados del petróleo, advirtieron recientemente científicos de EU.
Los investigadores, que participan en Edimburgo, Escocia, en el encuentro Earth Systems Processes, que estudia los ecosistemas, sostienen que los árboles son los verdaderos artífices de la riqueza en biodiversidad que tenemos.
Por eso, según ha informado la Sociedad Geológica de EU, han llamado la atención sobre la deforestación y sus efectos en el clima mundial, ya que destruye el efecto "purificador" del aire de los árboles, al tiempo que la industria y los automóviles siguen enviado CO2 a la atmósfera.
Hace aproximadamente 380 millones de años, el mundo solamente mostraba pequeñas manchas de musgos, líquenes y otras especies vegetales menores, pero la evolución de las grandes plantas vasculares, los árboles, "cambió el mundo para siempre", opina Robert Berner, un experto de la Universidad de Yale, en Connecticut. La mayor parte de las especies arbóreas que se desarrollarentonces han desaparecido, pero aún quedan "fósiles" vivientes, como el "Ginkgo bilova", un árbol procedente de China muy utilizado en jardinería urbana en las grandes ciudades.
Los primeros árboles, según Berner obtenían sus nutrientes de las rocas erosionadas a un ritmo nunca antes visto. Esto incrementó el desgaste de minerales, principalmente silicatos de magnesio y calcio, que, a cambio, tomaban dióxido de carbono de la atmósfera para formar carbonatos y depositarse en los océanos. "La disminución de CO2 en la atmósfera por este procedimiento, y por el incremento de la fotosíntesis, llevó al CO2 atmosférico a estabilizarse en los niveles más bajos que el mundo había conocido en sus 4.200 millones de años de historia anteriores", ha explicado el científico. Los árboles además, han producido durante todo este tiempo "lignina", el constituyente fundamental y la parte más dura de la madera que, como es resistente a la destrucción, ha contribuido a enterrar con los sedimentos más carbono orgánico. A medida que disminuían los niveles de CO2, la atmósfera se enriquecía en oxígeno."Mucho más rica de lo que es hoy", apunta Berner.