La primera individual del salvadoreño César Menéndez (Sonsonante, 1954) se cubrió en "Imagen", en 1996 y a este mismo espacio de Arte retornó en este agosto de 2000. Como en aquella ocasión con óleos caracterizados por un trazo enérgico del color, elemento éste con el cual "dibuja" formas y tonalidades en el lienzo. Este calificativos, trazo enérgico, ha de aplicarse no solamente a la totalidad de las obras sino también a los juicios y opiniones de César Menéndez dado que, igualmente, al enunciarlos dibuja y da tonos a sus pensamientos. Un botón que refuerza esta afirmación es su señalamiento inicial al entrevistarlo en "Imagen", veinticuatro horas antes de su partida de Panamá: "En el mundo del Arte no tienen cabida ni los malo ni los mediocre y por eso el artista que se respete busca ser el primero en el oficio y no ser uno que esta en el medio". A nuestra natural interrogante de cómo ubicar a los unos y a los otros, prosigue en su línea de dibujo y color, verbales: " La mediocridad encuentra en la crítica muchas veces a la responsable de avalar cuestiones mediocres y ante las cuales uno se pregunta qué es lo que esta pasando si esto que nos dice no tiene valor alguno. Por ejemplo se han puesto de moda las instalaciones que no son más que un pretexto para hacer lo que se le ocurra a uno, aunque no tenga idea de lo que hace, y entonces la crítica lo distingue como algo "vanguardista" o "modernista" y se mezclan términos para que la cosa se oiga bonita, profunda e intelectual y la gente vea como un misterio el Arte. La crítica, entonces, peligrosamente hasta llega a reforzar que no es necesaria la formación académica ni el manejo de un discurso formal , estético del lenguaje visual, porque lo que importan son las ideas que se tengan y que un filósofo puede ser pintor, un escritor puede ser pintor, que un cantante puede ser pintor. Entonces, ¿quién es el pintor? ¡Cualesquiera porque lo que se necesita es una pared o un piso ym una idea y no un pintor".
Otra interrogante es inevitable ante su línea de pensamiento y es aceptar que el filósofo, el escritor, el cantante, no pueden dedicarse a las Artes Visuales, a esos nuevos medios de creatividad. Menéndez es raudo en responder, como si de antemano hubiera ya reflexionado la idea: "Hay una solución, Dejemos el concepto de instalación a los arquitectos pues en ese campo, la instalación es un concepto estético renovador en torno al espacio, en torno a la utilidad humana, que serían intereses primordiales de estos profesionales. A nuestra manera de ver, lo cual es nuestra razón de ser, la Pintura juega con un formato que puede ser papel, cartón, tela, madera y que tradicionalmente se cuelga en la pared o de un coleccionista o de un museo o de alguien que gusta de la obra. Ese formato esta pintado con materiales tradicionales o materiales experimentales para el artista. Esa es la Pintura, no la instalación, que estaría por discutirse si es Arte pero que definitivamente no puede entenderse en el nivel creador de la Pintura dado que su nivel es conceptual y nada más".
Aproximamos la idea a nuestro medio, y luego de otras varias disgresiones, agrega, "Trujillo, el maestro Sinclair, Olguita Sinclair, Brooke Alfaro, tienen su propia verdad de lo que es la Pintura y creen en ella, de la misma manera que yo creo en la mía. Lo importante es ser consecuente con uno mismo, pintar con sinceridad lo que me salga del corazón. Soy feliz al pintar y hago mi vida al pintar porque eso es lo que alimenta a la Pintura, vivir. Y el pintor debe imponer esa visión al coleccionista que se queda en una parte del camino y quiere que el artista siga haciendo lo que al coleccionista le gusta como si se tratara de una receta. Quien quiera comprar una pintura, compra lo que hace el pintor no lo que él quiere que el artista haga. Siempre he sido un pintor de espacios claros que son oscuros y eso es lo que han comprado en mis obras. Cuando empece a hacer estos trabajos, cuando era más joven en el Salvador, era algo extraño porque todo el mundo estaba en lo del paisaje y en lo académico y salgo y con muertos y mutilado y oscuridades. Todo el mundo puso el grito al cielo y entonces me decidí por hacer cuadros un poquito más claritos porque me llevaba el diablo y estaba jodido. Cuando la gente vio los cuadros claritos decía, "esto no es de César Menéndez". Entonces me dije, "Ya la hice. Ya me identifican. Entonces, que se la aguanten" Descubrí que allí estaba el secreto, que la gente pudiera ver una pintura y decir éste es Fulano sin ver al Fulano".
Y ante la posibilidad de quedarse fijos en el tiempo y proseguir con lo mismo que gustó en un momento dado, es tanto más contundente, "Lo que estoy viendo en la mayoría de artistas, de los colegas, con cierto reconocimiento, es como el mercado esta caliente comienzan a satisfacer el mercado y llega un momento en que se olvidan del oficio y más si están cotizadísimos y están vendiendo mucho. Sobreproducen y es entonces que bajan de calidad. El pintor además de preparar su obra, que es la que expone en galerías y museos, tiene que tener en su taller una obra experimental. El artista tiene que tener una obra experimental en su taller siempre que es lo que le recuerda que no debe apoyarse en el cuadro que va a vender sino en esa obra que, posiblemente, nunca va a vender pero que debe orientarlo cuando se canse de hacer lo mismo, lo que es natural. No hay que olvidarse del oficio, nunca".