El enigma no se despeja. Desde el "New York Times" al "New York Sun" pasando por el "New York Observer", "Newsweek" y Associated Press, las reseñas han sido copiosas y la conclusión casi unánime: con sus "Crónicas. Volumen 1", Bob Dylan ha escrito un libro tan singular y extraordinario que no sólo ha sido considerado por el "Times" como uno de los más notables publicados el año pasado, sino que opta al premio más prestigioso de Estados Unidos como mejor libro de biografía o autobiografía que se falla el 18 de marzo. Y, sin embargo, a pesar de su prosa fluida y de su vívido retrato del artista en el Nueva York de los sesenta, no hace sino acentuar los enigmas amasados en torno a una figura capaz de encarnar máscaras y clichés contradictorios y destrozarlos.
Mediante una estructura nada ortodoxa, lo que hace Dylan es recontar sus años de formación de manera bastante tradicional, si bien "la forma en que siempre mantiene su fidelidad a la tradición" acaba resultando de lo más radical en los días actuales.
Entre sus vetas e influencias se mezclan, además de su siempre admirado Woody Guthrie -ante quien, paralítico en un hospital, interpreta sus temas-, Kurt Weill y Bertolt Brecht, los blues del Delta y, sobre todo, la fascinación deslumbrada por Rimbaud. Sante destaca que la síntesis que alcanza entre la tradición folk y el modernismo occidental, con la constante ambigüedad que es la alquimia y la marca de su genio, tiene acaso como único antecedente la gran obra de T. S. Eliot, "La tierra baldía".
Su arte combinatoria, sus desconcertantes asociaciones, siempre al servicio de la música, dejan atrás a los surrealistas franceses y desafían cualquier "explicación racional".
Los misterios de Bob Dylan
El autor de "Mrs. Tambourine" acaba de publicar el primer volumen de su autobiografía, llamada "Crónicas".