DIVORCIARSE o separarse una pareja no es un trauma sólo para el hombre y la mujer. Los hijos son los que más sufren, máxime si papá y mamá quedan peleando como perro y gato.
Allí no termina todo. Es el comienzo de una nueva vida para los involucrados. Uno o los dos miembros de la pareja decide reconstruir su vida.
Como cada vez más parejas se divorcian o separan, resulta que los nuevos modelos de familia "obligan" al niño a tener que ingeniárselas para sobrevivir en lo que a veces es un campo de batalla invisible. En que tiene que adaptarse a una madrastra o un padrastro.
Muchas veces tiene que vivir también con otros niños de la nueva pareja de su padre o madre.
No es fácil superar la separación de sus seres más queridos y después tener que vérselas en otro terreno desconocido para él, con nuevas reglas del juego y nuevos jugadores.
De tan espinoso tema y dolorosa realidad cada vez más común, nos habla la psicóloga Celia Moreno.
Ella nos ayuda a orientar a los lectores respecto de si están viviendo una experiencia como ésta cómo manejar el asunto para que los niños no salgan heridos. Para evitarles traumas.
También, para que "nadie pesque en río revuelto", porque suele pasar que ambos ex-cónyuges o pareja quieren quedar como "el bueno" o "la buena" a los ojos del niño. Y o hablan mal del otro o consienten demasiado al niño, quien en este último caso no tiene un pelo de tonto y toma ventaja de ello, lo cual incide en su educación o afecta la relación que tiene con su madrastra, padrastro o los niños hijos de la nueva pareja de su madre o padre.
Si por ejemplo la mamá y el papá de Pablito se separan y ambos forman nuevos hogares con otra pareja, el niño tiene que acostumbrarse a vivir por turnos con ambos padres, según lo que disponga la ley o acuerden papá y mamá. Lo mejor allí, a juicio de la Dra. Moreno es que los padres sean conscientes de que la prioridad debe ser el bienestar del niño. Y que deben deponer diferencias personales a la hora de decidir qué es lo mejor para él. Por lo que por nada del mundo deben utilizar al niño como un objeto de discusión.
Los conflictos no resueltos de la pareja no deben interponerse. Han de sentarse mamá y papá y establecer normas válidas en ambos hogares donde va a vivir el niño. Sobre la educación, hora de ir a la cama, alimentación y otros aspectos fundamentales.
Luego que se ponen de acuerdo ellos, deben juntos hablar con el niño, para que sepa que no puede manipular a papá cuando está sólo con él ni a mamá cuando está con ella. Tampoco al padrastro ni a la madrastra, porque el tercer paso es que papá hable con su nueva pareja y mamá con la suya y le comunique lo que se acordó en beneficio del niño. A éste se le informará que la nueva pareja de papá y la de mamá serán puestas al tanto sobre el particular.
Es importante que quede claro que la responsabilidad respecto de la suerte del niño la tienen los padres biológicos. No el padrastro ni la madrastra.
Pero también al hablar papá y mamá han de ponerle claro al niño que le debe respeto como adultos a el compañero de mamá y la compañera de papá.
Eso de jugar al "papá ideal" o la "mamá ideal", hace que el niño intuya que puede manipular, valiéndose del sentimiento de culpa que pudiera tener uno o los dos miembros de la pareja, por haber roto la relación.
Ahora bien, nuestra interlocutora hace la salvedad de que en Panamá más que familias reconstituidas lo que predomina es el modelo de familia monoparental. Los niños viven con el padre, la madre, la abuela o algún tío.
Si es un niño menor de ocho años, por lo general la Ley decide que viva con la madre, porque considera que es lo mejor para la estabilidad emocional y psicológica del menor. Si es mayor de 11 años se le suele pedir el parecer al niño, respecto de con quien prefiere pasar más tiempo.
Es el parecer de la Dra. Moreno que una comisión debería evaluar el estatus del niño y de los que quieren la tutela de éste.
Asimismo, que los jueces y fiscales deberían tener una formación en psicología, para saber qué tanto afecta una decisión suya a una criatura, qué repercusión tiene en el ser humano en formación.
El desarrollo emocional infantil es algo que no se estudia en las aulas de Derecho, concluyó.
Además de la edad del menor, a la hora de decidir con quien se queda, debería ser considerada la estabilidad emocional de los padres.
A veces se privilegia a la familia biológica sobre al adoptiva y resulta que el menor queda en un hogar completamente disfuncional.
El daño que se hace con una decisión errónea es difícil de subsanar en muchos casos. Ejemplo, el de Cristal Out.
Los niños no tienen por qu'e9 "pagar los platos rotos"
Dobles familias, s, pero, por el amor de Dios, iguales normas en ambos hogares. No ms sufrimiento para los niños.