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Los "Picassos negros" de Cuba, último misterio del gran pintor


De Pablo Picasso se ha escrito tanto, que parecía no quedar una sola incógnita sobre su vida y obra. Los estudios y los libros sobre el gran pintor español (1881-1973) llenan miles de páginas, pero un documental cubano de apenas 19 minutos de duración realizado por la periodista Julia Mirabal ha desvelado que sí quedaba un misterio por resolver: la historia de la rama familiar cubana del artista malagueño, la historia de los "Picassos negros".
Este "eslabón perdido" del árbol genealógico del pintor tiene sus orígenes en el año 1867, cuando su abuelo materno, Francisco Picasso Guardeño, "un estrafalario caballero de ojos saltones y bigotes de morsa", decide abandonar en Málaga a su mujer y a sus cuatro hijas -una de ellas María, la futura madre de Pablo Picasso- para probar suerte en Cuba a los 43 años de edad.
En la isla Don Francisco trabaja como administrador de aduanas en La Habana y se casa con una esclava negra liberta, Cristina Serra. Fruto de este amor caribeño nace la saga de los Picasso cubanos. Ambos tuvieron cuatro hijos mulatos, de los cuales uno les dio nueve nietos: Juan Francisco, un mestizo que murió a los 49 años de edad.
En 1883, el abuelo materno de Picasso anunció su regreso a Málaga. Su equipaje, embarcado previamente, llegó a la ciudad andaluza, pero no así Don Francisco, al que los suyos esperaron en vano. Quince años después la familia se enteró de que había muerto en Cienfuegos víctima de la fiebre amarilla poco antes de que su barco partiese rumbo a España. Su cadáver fue enterrado a toda prisa y su fallecimiento ni siquiera fue registrado, escribe el biógrafo de Picasso, John Richardson.
Julia Mirabal, que presentó su documental recientemente en el Festival de Cine de Málaga, se encargó de desvelar este curioso aspecto de la vida del pintor español, cuyo apellido quedó consolidado en Cuba durante generaciones. Hasta la fecha se han descubierto 41 descendientes de Francisco Picasso Guardeño, de los cuales 31 todavía viven.
Entre ellos hay zapateros, yesistas, costureras, violinistas o médicos y una tataranieta, Gloria Molina Picasso, que al igual que su pariente lejano en España se decantó por el arte. Es diseñadora y en su estudio guarda una caricatura del famoso pintor, que adoptó el apellido de su madre y no el paterno, que era Ruiz.
Lo fascinante de la "estirpe cubana del artista es que algunos descendientes de Don Francisco, como Juan Antonio Pascual Picasso o Delia y Luis Picasso Granados, guardan un asombroso parecido físico con el cubista español, exceptuando únicamente el color de la piel.
"Estoy segura de que Picasso y su familia sabían de la existencia de estos primos hermanos negros, pero siempre lo ocultaron. Eran para ellos una mancha negra, un baldón, que no querían que se supiera", dijo Mirabal a la prensa española.
En España dicen que Pablo Picasso se interesó por su abuelo, al que nunca llegó a conocer, pero sus investigaciones en Cuba no aportaron mayores detalles en aquel entonces.
Junto con la periodista cubana estuvo en Málaga Ramón Picasso, un habanero de 43 años, médico radiólogo de profesión y sobrino lejano del pintor, quien abundó en el enorme interés que el documental despertó en la isla. "No podía ni pasar consulta, bromeó.
La historia de la rama cubana de Picasso no se conoció antes, ya que, como explicó Ramón, su familia era muy reservada y no estaba interesada en darle mayor publicidad. Pero el documental de Mirabal, proyectado en el Festival de La Habana en 1999, cambió todo.
Y probablemente este no es mas que el comienzo, ya que quedan aún muchos familiares por descubrir. Si en lo pictórico las etapas realista, cubista, rosa y azul del genial pintor malagueño están documentadas hasta la saciedad, los "Picassos negros" darán todavía mucho que hablar e investigar.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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