Aguijoneado por el mal y débil de carácter, Arturo Reyes, casi muerde la manzana ¿maldita?, con lo cual su alma iría directo al infierno.
Él, quien fuera feliz con Isolda, a la que había jurado fidelidad y que estarían juntos en las buenas y en las malas, o sea, “contigo pan y cebollas”, la ve con otros ojos. Todo por culpa de una mujer “bien equipada”. O por culpa de Caín. O ¿sería la culpa de sus bajos instintos?
“Se juntaron el hambre con las ganas de comer”, dirían otros. Entonces, el pasto del patio del vecino le parecía más verde.