Son muchos los artistas en el país que a través de diferentes manifestaciones no sólo han demostrado el talento que hay en Panamá, sino que también han surcado los caminos para las generaciones que le siguen.
Uno de estos baluartes es el maestro Mario Calvit, quien en el marco del "Día Nacional del Artista Plástico" y por su trayectoria en el mundo de la pintura y la escultura, esta noche recibirá un homenaje como "Artista del Año", al ser seleccionado por la Asociación Panameña de Artistas Plásticos.
Desde muy temprana edad manifestó su inclinación por las artes, talento heredado de algunos familiares, entre ellos su madre, quien era una artista del bordado y del dibujo.
Luego de ingresar en la Escuela de Artes Plásticas y estar bajo la instrucción del maestro Juan Manuel Cedeño, participó en innumerables exposiciones colectivas al lado de los pintores Alberto Dutari, Alfredo Sinclair y Manuel Chong Neto.
Sus pinturas inicialmente tenían la corriente del abstraccionismo, y es que en la década de los "50 este estilo era muy utilizado, más que nada en Estados Unidos. Ese entusiasmo fue recogido por casi todos los pintores de la época, incluyendo a Calvit.
Pero la abstracción dejó de complacerlo en cuanto a mensaje e intereses y empezó a nacer su inquietud por representar la figura humana, el paisaje y muy en especial, los caballos.
Calvit advierte que su afición por pintar figuras humanas y paisajes quizás se deriva de que a los trece años llegó a Panamá procedente de Nicaragua, tierra donde nació, para vivir durante casi toda su adolescencia en el pueblo de Antón.
Aunque domina todas las técnicas, actualmente trabaja sólo con acrílicos. "Mi naturaleza como pintor exige espontaneidad, lo que me cuesta lograr con el óleo. Precisamente la rapidez con la que ejecuto mis trabajos se lo debo a la calidad del acrílico", explica Calvit demostrando mucho sabiduría.
Pero a través de su oficio en la pintura se dio cuenta de que necesitaba poner en función sus manos. Y es así como en los años 70 empezó a realizar esculturas en metales como el acero y aplicaciones en bronce, siendo para la época muy novedosas. No obstante, según este agradable artista, no tiene mayor inclinación por una más que por otra. Ambas le han proporcionado momentos muy satisfactorios.
Al igual que muchos artistas, Calvit necesita crear un ambiente para poder trabajar, siendo en su caso la música un elemento esencial. Y es curioso, pero según el estado de la obra, cambia de ritmo musical, al punto que su esposa, con sólo escuchar la música, sabe por dónde va.
"Cuando empiezo a pintar necesito escuchar música clásica y a medida que voy aproximándome a la culminación de la obra, paso al jazz, a la música popular y luego a otro estilo musical".
Para Mario Calvit, quien en el año 2000 presentó una retrospectiva en conmemoración de sus 50 años en el mundo del arte, este reconocimiento es algo muy especial.
"Para mí esta selección representa un aliciente para todos esos artistas que vienen detrás de mí, con muchas ideas, estilos y colores".