Gracias a Matrix, supimos que un "hacker" descubría, para nuestra sorpresa, cómo la vida en la Tierra es esclavizada por esa ciber-inteligencia que nos mantiene "dormidos" frente a la realidad. También nos enteramos que la vida humana estaba situada en realidades temporales, pero los conceptos universales se quedaban: amor, honor y sacrificio.
En esta tercera entrega, Neo decide la suerte en la guerra entre humanos y máquinas mientras la resistencia trata de que Zion no caiga ante el ataque de las máquinas.
Una buena de esta serie es definitivamente la forma como es expuesta la historia y como van desarrollándose las acciones, incomprensibles en la primera leída, pero al final se convierten en pura dinamita imagnativa. Si en la primera película se expone un relato sombrío y muy reflexivo sobre nuestro rol en el mundo conocido, en la segunda se "recargan" elementos para que se sienta más pesada la trama y en efecto, más ligada a la acción desenfrenada. Ahora, para la conclusión, lamentablemente no se guardan lo mejor, pero al menos mantienen cierta coherencia respecto a lo narrado. Neo cumple su rol mesiánico, Trinity, sacrifica mucho por amor (aunque no se maneja bien la química que compartieron en la primera), Morpheus y el Sr. Smith permanecen como los personajes más interesantes de la serie y rondan algunos cabos sueltos que irremediablemente no hacen el mayor mérito a la excelencia de la película vista como un gran espectáculo cinematográfico en tres capítulos. Por lo demás, sí es divertida, y no, definitivamente Keanu Reeves no se quedará encasillado en el rol del "hacker" salvador del mundo porque tiene una sólida carrera como actor de dramas, comedias y cine de acción. (3.7) Un maestro zen (Chow Yun-Fat) ha protegido por sesenta años un antiguo pergamino de gran poder. En Estados Unidos, y huyendo de un militar nazi del pasado que desea el poderoso artefacto, el monje debe encontrar al próximo guardián y los requisitos los llena un ladronzuelo que aprendió artes marciales viendo películas chinas en una sala da cine que se convierte en su trabajo y refugio.
La historia pinta muy bien y el hecho de que Chow Yun-Fat intervenga, le da más prestigio a este filme producido por Terence Chang y John Woo, basados en un comic, pero al caer los créditos finales uno se queda con la percepción de haber visto un mal piloto de una serie de televisión que promete mucho (ver por ejemplo “Buffy, la cazavampiros”).
En este proyecto del videasta Paul Hunter llueven las escenas de acción con acrobacias aéreas, uso adecuado y a veces rebuscado de artes marciales con acción tipo hollywood con algo de humor ligero; lamentablemente todo esto no es suficiente para hacer una decente cinta de acción que sirva para algo más que no sea retirarse desencantado por estos proyectos. En los años ochenta, uno la pasaba mejor con Bud Spencer y Terence Hill, porque sabíamos de antemano que eran malas y su intención no era precisamente protagonizar clásicos del cine. (1.8) Muere en Roma un maestro de los Carolingios, una orden que se especializa en exorcismos y se dedica a la investigación profunda del mal. En Nueva York, un joven sacerdote, con alma de viejo (Heath Ledger), recibe la noticia y es invitado a investigar en Italia la muerte de su mentor, mientras el Vaticano espera elegir un nuevo Papa. Las pesquisas llevan al cura a reunirse con un colega y amigo (Mark Addy), pero viaja a Europa con una extraña joven exorcizada por él (Shannyn Sossamon, el interés romántico), que un año antes lo intentó asesinar durante el rito salvador. Ahora, los tres deben encontrar las respuestas y en el camino se enfrentarán con el “devorador de pecados”, un personaje milenario capaz de otorgarles perdón a los pecadores antes de su último aliento. Resulta que este “devorador de pecados” tiene una dura sorpresa para el joven sacerdote.
Es triste saber que los thriller religiosos no hayan levantado cabeza en los útimos tras los tropezones de “El Cuerpo”, “Hija de la luz”, “Almas Perdidas” y “Stigmata”. Solamente “El Exorcista” se queda como el Rey de este género y nadie lo puede negar.
Resulta que ahora un competente guionista como Brian Helgeland, talento detrás de “L.A. Confidential” y “Revancha” (la cual también dirigió), se meta en este tipo de filmes pesados y exigentes que necesitan ser muy inteligentes y macabros para poder ser disfrutados. En “El devorador de pecados” no se da este caso. La historia es aburrida y no tiene ritmo, es carente de lógica y no levanta cabeza a la hora de meterle los diálogos. Del elenco, solamente Peter Weller parece entender que se trata de un thriller religioso y no un vídeo MTV de alguna banda pesada con intenciones góticas. (1.3)
El comisionado detalló que no hay conciencia de parte de los conductores al momento de respetar las señales de tránsito.
"A pesar de la cantidad de accidentes en general, aún es frecuente observar a personas hablar por teléfono, peinarse o maquillarse mientras conduce...eso es irresponsabilidad", dijo.
El oficial asegura que la DOT mantiene las acciones en horas de la noche, pero reconoció que los directivos de los gremios transportistas deben ser más estrictos en las ejecuciones de sus reglamentos para eliminar a las malas unidades que son los menos.