Hacerse notar o sentir es importante en esta sociedad en donde todo se mide en función de si te conocen o no.
No sorprende, pues, en el mundo de los llamados seres racionales, quedar “clasificado” en una u otra categoría, de acuerdo con los que miran al individuo; clasificación basada en la primera o varias impresiones que cause éste según su apariencia -que es lo que más se suele tomar como primera carta de presentación, aunque se equivoquen al juzgar apriori.

Igual pasa en el mundo animal, a diferencia de que los animales no razonan y, por lo tanto, se les puede excusar que actúen instintivamente, que se dejen guiar por la “percepción” que tienen respecto de si una persona es buena o mala y por ende puede ser su amiga o su enemiga. Y, entonces, te aceptan o rechazan. Pudieran andar a la defensiva y hasta atacarte.
Si de animales se trata, el Rey león era muy respetado y su rugido se oía de aquí a China. Como buen padre, él aleccionó a su hijo, pero también le enseñó que no hay que ser confiado, que abundan los que toman ventaja de los ingenuos. ¿No les parece mucha casualidad que en la selva de cemento también suceda esto último a cada rato?

El caso es que en la espesura de la selva, entre risas, colorido, música, sustos, encuentros previstos e inesperados, desencuentros, entusiastas actores y actrices que disfrutan haciendo teatro infantil llevan a decenas de niños y niñas, y gente grandecita también, por los caminos de la vida de “El gran león”, obra que está en cartelera en el Teatro Bambalinas, en Avenida Balboa, atrás del Mc Donald de Paitilla.
Gracias a este montaje que dirige Abdiel Tapia , se reafirman en la niñez importantes valores. Pueden comprender que la maldad, la envidia, la traición, el aprovecharse de los demás son malas monedas. Aprenden que al final se verá el cobre, porque saldrá a relucir la verdad, las reales intenciones de cada uno, si tiene o no principios , que son los que sostienen y ayudan a labrarse, con esfuerzo, una vida exitosa.