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Cuando Ana tenía 17 años respondió a un anuncio en su pueblo natal, Szecin, en Polonia y empezó a trabajar como criada en la residencia de Piotr Ruso, un conocido suyo. Allí Ana conoció a Dzem, de origen turco y a su novia Olympia, quienes la tentaron ofreciéndole un trabajo similar en la casa de ambos en Berlín.
Cuando los tres llegaron a Berlín, Dzem y Olympia le dijeron que iban a ir a visitar a un amigo y le pidieron a Ana que se maquillara y se pusiera un traje elegante. La llevaron a una casa vieja y le dejaron saber a Ana que esa iba a ser su primera cita como prostituta. Horrorizada y atónita, Ana trató de escapar, pero como habían cerrado la puerta con cerrojo, quedó atrapada en la habitación con un hombre de unos 60 años, maloliente y que aparentaba estar muy ebrio. Por temor, Ana debió someterse durante 90 minutos a esta penosa experiencia sexual, hasta que Dzem y Olympia regresaron por ella.
Ana protestó con vehemencia y les dijo que quería regresar a su casa, pero la pareja la golpeó severamente y le quitó su cédula de identidad. Ana fue forzada a prostituirse y a satisfacer de cinco a seis clientes cada noche, ya que era vigilada constantemente y temía ser objeto de más violencia.
Dzem y Olympia vendieron a Ana y ella terminó finalmente en una casa de prostitución cerca de Zurich, Suiza. Un cliente en quien Ana confiaba le tomó lástima y alertó a la policía, que allanó el establecimiento y arrestó a los dueños. Ana fue deportada a Polonia después de un mes de interrogatorios policiales. Posteriormente la policía arrestó a Pier Ruso, de quien se sospechaba que había vendido al menos 71 mujeres polacas a agencias extranjeras.
El contrabando y el tráfico de seres humanos ha aumentado en todo el mundo. El problema se ha acentuado en intensidad y gravedad por la creciente participación de agrupaciones delictivas organizadas. El contrabando de mujeres y niños por estas agrupaciones delictivas organizadas a menudo implica violaciones de los derechos humanos. Las condiciones de viaje son terribles, las víctimas pueden sufrir temperaturas de congelación y sofocación como parte de la carga de camiones y barcos. El tratamiento que se da a las víctimas del tráfico en muchas ocasiones constituye una nueva forma de esclavitud.
El Centro para la Prevención Internacional de la Delincuencia, en colaboración con el Instituto Interregional de las