Alguna vez escucho hablar del "Sol de Medianoche", cuando el astro rey jamás se pone en el horizonte e ilumina todo el día. Quizás no. Tampoco se imagina ver luces estridentes como la Aurora Boreal en los cielos nocturnos y en medio del silencio. Estos fenómenos astronómicos, combinados con el contraste de una tierra misteriosa habitada por indígenas que aman su terruño, el clima templado y la nieve, suceden en un sitio especial de nuestro continente: el ¡rtico Canadiense.
Los Territorios del Noroeste y la Región de Nunavut, ubicados en la zona más septentrional de la América del Norte, reciben el honor de ser los últimos reductos inhabitados, aunque son también tesoros naturales, refugios de la flora y fauna más variada del mundo. Los osos polares, las aves migratorias, las amplias llanuras, los campos de hielos, las focas y las grandes ballenas se entremezclan con los primeros hombres que pisaron el lejano ártico.
Sobre la luz de los tardíos atardeceres del verano boreal, los visitantes pueden conocer las culturas de los primos de los esquimales americanos: las tribus Dene, Metis y los Inuvialuits, han cohexistido con la naturaleza, cazando y honrando una tierra sagrada de climas rigurosos. Nunavut, cuyo nombre típico es "Nuestra Tierra", es un territorio recientemente conformado en abril de 1999, constituido para acelerar el progreso de la remota zona ártica canadiense.
Yellowknife, localizada en el estremo norte del Gran Lago de los Esclavos, es el centro de arribos de los vuelos provenientes de Manibota y Alberta. Un ejército de exploradores, turistas y científicos parten de este lugar para conocer el extremo del globo: pescadores surcan los millares de lagos en busca de salmones; deportistas y alpinistas suben las empinadas cumbres de la Cadena Ogilvie, mientras que las Cascadas Virginia en el Parque Nacional Nahanni ensordecen el ambiente.
Nada se compara al glorioso verano del Noroeste y Nunavut: El Rio Thelon surca las Tierras Barrens. Los exploradores navegan en kayaks y canoas, en medio de parajes llenos de campos floreados, renos y aves exóticas.
El Sol de julio y agosto bajan al borde del cielo y nuevamente se eleva, sin transtornar a loanimales, pero a los hombres de las latitudes bajas del mundo, el fenómeno afecta el sentido del sueño.
Finalmente, quien se remonte a estas regiones, claro que nunca debe perderse el mágico invierno. Transitar en trineos movidos por perros, esquiar en las bajadas de los montes nevados y descender en un lago helado, son experiencias inigualables. Si hay calor en estos parajes polares: los indígenas en Tuktoyaktuk, cocinan con leña de monte, ahuman los salmones o los dejan congelar al aire libre, mientras que las ceremonias de los Dene y sus danzas místicas pasan en generación en generación.
Si desea visitar estos fantasticos lugares del ártico canadiense, puede el ver sitio web: www.nwttravel.nt.ca