A fin de reducir la exposición a sustancias químicas potencialmente perjudiciales, sólo hay que efectuar leves modificaciones en las actividades cotidianas. A continuación se ofrecen algunas sugerencias que pueden ser útiles. (Si desea detalles adicionales y más específicos, le aconsejamos que acuda a una biblioteca pública).
1. Trate de almacenar los productos que desprendan vapores en algún lugar donde no contaminen el aire de la casa. Entre estos productos se encuentran el formol y los que contienen disolventes volátiles, como las pinturas, los barnices, los adhesivos, los pesticidas y los líquidos limpiadores. Los productos volátiles derivados del petróleo desprenden vapores tóxicos. Respecto a uno de ellos, el benceno, se sabe que en concentraciones elevadas durante períodos prolongados provoca cáncer, defectos de nacimiento y otros daños relacionados con la reproducción.
2. Tenga buena ventilación en todas las habitaciones, incluido el cuarto de baño. Las duchas volatilizan ciertos aditivos que lleva el agua, como el cloro, lo cual puede resultar en una acumulación de cloro y hasta de cloroformo.
3. Límpiese los pies antes de entrar a la casa. La revista Investigación y Ciencia dice que el mero hecho de hacerlo puede dividir por seis la cantidad de plomo que se acumule en una alfombra típica. También reduce los pesticidas, pues aunque fuera de la casa algunos se descomponen rápidamente por la acción de la luz solar, una vez que pasan a las alfombras pueden perdurar años. Otra opción es la de quitarse los zapatos, una costumbre generalizada en algunas partes del mundo. El uso de una buena aspiradora, preferiblemente si cuenta con un cepillo giratorio, también puede reducir el nivel de contaminación de las alfombras.
4. Si fumiga una habitación, mantenga los juguetes fuera durante por lo menos dos semanas, aunque la etiqueta del producto diga que al cabo de unas horas se pueden entrar sin peligro. Los científicos han descubierto recientemente que ciertos plásticos y espumas de los juguetes absorben los residuos de insecticida como si fueran una esponja. Y los niños se contaminan por la piel y la boca.
5. Reduzca al mínimo el uso de pesticidas. En su libro Since Silent Spring, Frank Graham, hijo, escribe que estos "ocupan su lugar en la casa y el jardín, pero las campañas publicitarias han convencido al propietario medio de una vivienda en las afueras, de que debe tener a mano un arsenal de productos químicos suficiente para afrontar el ataque de una plaga de langostas africanas".
6. Elimine la pintura que contenga plomo de todas las superficies descascarilladas y vuélvalas a pintar con pintura sin plomo. No deje que los niños jueguen donde haya tierra contaminada con pintura con plomo. Si sospecha que hay plomo en las cañerías, antes de utilizar el agua del grifo permita que el agua fría corra por unos momentos hasta que se note un cambio en su temperatura, y nunca beba agua caliente del grifo (Environmental Poison in Our Food-Venenos Ambientales en nuestro alimento).