AL SONAR las campanas de las doce, Gilberto, Arturo, Sandra y Luis se arrodillarán mirando hacia el cielo y pedirán sus deseos. Mañana será Navidad y estos niños, en la madrugada, le pedirán al Niño Jesús les conceda sus deseos en estas fiestas. Anhelos que están desvinculados a los que nosotros estamos acostumbrados a pedir.
Estos niños son representativos de diferentes áreas sociales de nuestro país, que hoy nos quieren dejar un mensaje claro.
La situación de los infantes en Panamá no es muy alentadora, ya que entre separaciones familiares y falta de calidad de tiempo de sus padres se esfuman sus sueños.
La verde hierba acogerá perfectamente a Gilberto, quien se arrodillará bajo el árbol de mango para pedirle a Jesús que le conceda simplemente desayunar todos los días y no desmayarse en clases.
Este pequeño vive en El Naranjal de Penonomé y a sus escasos ocho años ya sabe lo que es ganarse la vida cosechando naranjas.
"Niñito Jesús déjame terminar bien un día de clase, sin que mi estómago me duela", dirá el risueño niño que también le pedía a "Diosito" un carrito de cartón.
Arturo es un niño común. Sus sueños son convertirse en un gran médico. Pero por encima de estos deseos profesionales él le pide al Niño Dios que le permita tener una familia feliz, donde nunca les falte el amor de padre o madre a sus hijos. Él tiene seis años y no ha conocido el amor de sus padres, ya que desde los dos meses de edad lo abandonaron.
Al exclamar al cielo el pequeño infante le grita al Niñito de Belén: "Jesucito que mis papá estén bien y que ningún niño en Panamá crezca como yo, sin unos brazos que losacurruquen al acostarme o sin una mamá que me felicite por el cinco que saqué en Matemáticas".
A diferencia de la situación de Arturo, Sandrita, quien vive en San Francisco, tiene a sus padres y una buena casa.
¿Y qué es lo que Sandra le pedirá al Niño Santo?... Ella le exclama al cielo: "Niñito regálame un poco de silencio en casa".
Sus padres sólo deben verse para empezar a pelear y ella ya se está enfermando de dolor en su alma a sus nueve añitos.
"Mi Niñito que papi y mami no peleen y se amen como antes", le confiesa al cielo la pequeñina.
Esta es un deseo muy raro el que le pide el pequeño Luis de tan solo ocho años. ¿Nubes que lo cubran del sol? Es algo extraño, pero es que Luisito vende todos los días pastillas y pañuelos en la Central, un trabajo que le cuesta mucho cuando el incandescente sol le mortifica la piel y sus pequeños ojitos. Su papá lo abandonó a él y a su dos hermanitas y su mamá lo lleva a este lugar para que le ayude con la venta, que muchas veces sólo le da tres dólares para llevar a la casa.
Pero pese a esto, está feliz con los abundantes cincos que trae siempre en su boletín.
Esta noche, su mamá le compró el camionsito que él tanto quería, mientras el "chiquillo" estará pidiéndole al Niño Dios que le dé nubes en el cielo.
Estas cuatro historias no son ficticias y nos muestran la realidad que viven nuestros niños, al celebrar precisamente hoy una fiesta de niños.
Que al hacer esta Noche Buena nuestras peticiones, le pidamos al Niño que nació en Belén paz para nuestra niñez y tranquilidad en nuestros hogares.
Ojalá, si está dentro de nuestras posibilidades, que hoy o mañana podamos compartir un poco de lo que la vida nos ha regalado con algún niño que lo necesita más que nosotros y podamos decirle con mucho gusto y placer ¡Feliz Navidad!