El estreno ayer de "Harry Potter y la piedra filosofal" pone fin a la mayor espera cinematográfica del año a la vez que comienza lo que puede convertirse en una de sus principales franquicias.
Más de 900, 000 personas ya tenían sus entradas en la mano en el Reino Unido, cifra que se multiplica en Estados Unidos según los datos ofrecidos por las diferentes compañías de venta por anticipado, dispuestos a ser los primeros en disfrutar del fenómeno.
Lo que desean ver es la adaptación del primer libro escrito por J.K Rowling centrado en las aventuras de Harry Potter, el joven huérfano criado a disgusto por sus tíos que con la llegada de su 11 cumpleaños descubre que es un mago.
Es un comienzo que abre un nuevo mundo de posibilidades en la escuela de magia Hogwarts, donde hará amigos entre los aprendices de magos pero también se ganará enemigos, entre ellos ese "que-no-debe- mencionarse" y que cuando mató a sus padres le dejó esa marca como un rayo en la frente, el malvado lord Voldemort.
"Se trata de un chaval normal que pasa de ser un don nadie a ser todo un fenómeno capaz de inspirar a mucha gente, yo incluido", explica Daniel Radcliffe, el joven de 12 años escogido entre 16,000 candidatos para interpretar el papel de Harry Potter.