El pescado, ya sea blanco o azul, es un alimento muy nutritivo, pero por desgracia de escasa aceptación entre los más pequeños...
El pescado tiene una composición en nutrientes parecida a la de la carne: proteínas de gran calidad, grasas o lípidos, pequeñas cantidades de vitaminas, sales minerales y purinas (principalmente en el azul). Al igual que la carne, no contiene hidratos de carbono y en función de la cantidad de grasa se dividen en pescados grasos (0-2% de grasa), semigrasos (2-6% de grasa) y azules (más de 6% de grasa).
El tipo de grasa más abundante es la insaturada, y en los azules abundan los ácidos grasos de la serie omega-3. Destaca así mismo su contenido mineral de yodo, fósforo y magnesio. Cabe señalar que algunos peces que se comen con espina, aportan además calcio de fácil asimilación en cantidades significativas (conservas de sardinas, pescaditos fritos, etc.). ¿Qué trucos podemos emplear para hacerlo más atractivo y apetecible?
Se deben escoger las piezas de pescado que menos espina tienen (lomos en lugar de rodajas, filetes sin espinas...)
Probar a cocinarlo de diferentes formas, de manera que resulte más atractivo: con salsa (verde, americana, rosa...), al horno, en croquetas o albóndigas, en puding, preferiblemente acompañado siempre de una guarnición vegetal (patatas a la panadera, verduras salteadas, sofrito de verduras, etc.).
"Los niños siguen siendo niños, y sus necesidades, su identidad y sus anhelos más profundos son los mismos que los de todas las personas, aunque nazcan rodeados de máquinas con botones e interruptores: necesitan ser acogidos, alimentados, protegidos, pero, sobre todo, amados. Las máquinas no sustituyen el contacto humano y la inmediatez afectiva. Numerosos de los hoy adolescentes han pasado muchas horas solos delante del televisor, y un alto porcentaje de esas horas las han pasado añorando compañía y atención por parte de unos padres ocupados y ausentes que han hecho lo que han podido, pero que, en muchos casos, idolatraron más que amaron a sus hijos, los veneraron más que los comprendieron", este pensamiento de Gustavo Pietrolli llama a la reflexión. Estamos tan empeñados en darle a nuestros hijos lo que no tuvimos, que olvidamos darle lo que vivimos: aire fresco, sol, una tarde jugando La Lata o a las canicas y muchos "te amo".