Con un espectacular, pero brevísimo show gratuito, Madonna presentó en el Roseland Ballroom de Manhattan su nuevo álbum, "Hard Candy", rodeada de miles de fans que, después de casi tres días de espera, haciendo fila en la calle, se quedaron con ganas de saborear más de su melosa mezcla de pop, rap y hip-hop.
La ex Chica Material, a punto de cumplir 50 años, apareció sobre el escenario en un inmenso trono dorado en forma de M.
Vestida con saco de smoking, pantalón de jogging negro y plateado y botas de cuero, cantó sólo seis canciones, cuatro de su flamante disco.
Estuvo escoltada por una troupe de bailarines de traje, que no pararon de moverse en los 30 minutos que duró el concierto.
Los temas fueron producidos por los astros del hip-hop Justin Timbaland y Pharrell Williams, de The Neptunes, Hard Candy.
Es el 11º álbum de Madonna y el último que grabará para la Warner Music, ya que el año pasado firmó un contrato de 120 millones de dólares con la promotora de conciertos Live Nation, que a partir de ahora manejará su carrera.
Sin que hiciera falta presentación, la diva comenzó el show con sus nuevos temas "Candy Shop", y las pegadizas "Miles Away", y "Give it 2 Me", los que la mayoría del público se sabía de memoria, aunque el disco salió al mercado un día antes.
Es que casi la mitad de los presentes eran admiradores fuertes de Madonna que desde el lunes en la mañana, acamparon en la vereda del Roseland Ballroom, en la calle 52 y Broadway, para conseguir entradas para este concierto gratuito.
"Es la mejor; una artista que a lo largo de los últimos 25 años ha dado clases magistrales de versatilidad y siempre se ha mantenido en la cima, un paso delante de las modas y tendencias", dijo Dana Spera, una moza de Brooklyn.
Luego llegó, tras un imperceptible cambio de vestuario y sorbos de una botella de champagne, la gran sorpresa de la noche: la aparición sobre el escenario del joven cantante Justin Timberlake.
Juntos interpretaron "4 Minutes", que en sólo una semana ya superó la marca del millón de ventas digitales. En medio de paneles móviles, Madonna y Timberlake protagonizaron una impactante coreografía electroerótica que dejó a todo el mundo boquiabierto.