En diversas ocasiones, la ciencia se ha dedicado a investigar a los hijos únicos. Mimados, egoístas, caprichosos y con dificultad para relacionarse, son algunos de los adjetivos que se utilizan para referirse a ellos. Pero... ¿qué tanto puede marcar a una persona el haber crecido sin un hermano a su lado?
La Universidad de Southwest, en China, realizó un estudio en el que participaron 300 estudiantes voluntarios, de los cuales la mitad de ellos no tenía hermanos. Los investigadores analizaron la forma de su cerebro gracias a una imagen por resonancia magnética. Estos buscaron las diferencias entre los dos grupos.
El primer resultado mostró que no había diferencias en cuanto al coeficiente intelectual. Por el lado de la creatividad, los hijos únicos parecían tener una mayor flexibilidad en la forma de pensar. Asimismo, los investigadores señalaron que su cerebro tenía un volumen más importante de materia gris a nivel del giro supramarginal, una zona asociada al lenguaje, flexibilidad, imaginación y planificación.
Estos también tenían menos materia gris en otras zonas, especialmente en la parte de la corteza frontal media, asociada a la regulación de las emociones. Precisamente, a raíz de las pruebas, los investigadores se dieron cuenta de que los hijos únicos no obtenían tan buenos resultados en términos de amabilidad co mo los de aquellos que tenían hermanos.
Sin embargo, este estudio abarca solo a una parte de la población, por lo que tiene límites y sesgos, aunque puede servir como un referente.
El psicólogo Fernando Gómez explicó que cuando a un niño le toca crecer compartiendo sus pertenencias, su entorno y el tiempo de sus papás, se forja de una manera más real para lo que va a vivir en la sociedad, "el ser humano es un animal que responde al entorno en el que vive; se adapta, se acostumbra y más si es en las etapas tempranas del desarrollo de su personalidad".
Consecuencias
La psicóloga infantil Genevieve Barb explicó las consecuencias de crecer sin un hermano. "El ser hijo único influye de manera tal que los padres lo consienten en todo, entonces, el niño no conoce los límites. Cuando llega a compartir con otros de su edad, se da cuenta de que le es difícil, porque nunca ha aprendido eso en la casa".
Barb dijo que no es que estos niños quieran ser egoístas, sino que no se les ha dado la oportunidad de compartir, por lo que es importante educarlos para que brinden golosinas o sus juguetes a compañeros en sus casas o escuelas.
Fernando Gómez, por su parte, dijo que estos niños, al llegar a la etapa adulta, pueden pensar que la vida es "injusta" o "dura" con ellos. "Debido a que en sus mentes el mundo funciona de la misma forma en que sus papás funcionaban para ellos". Por supuesto, no se debe generalizar, ya que todos los casos no son iguales.