Bélgica presume de nuevos reyes. Tras la abdicación de Alberto II, que fue firmada durante la mañana del pasado 21 de julio, de forma coincidental con la fiesta nacional del país, Felipe se convierte en el nuevo monarca, mientras que su querida esposa, Matilde, ejercerá como la nueva reina.
El estrenado soberano accede al trono a los 53 años de edad, tras los 20 años de reinado de su padre. Alberto II abandonó su cargo por motivos de salud y tras aparecerle una supuesta hija ilegítima, caso que lo llevó dos veces a los tribunales.
En la ceremonia de coronación, celebrada en el parlamento ante los diputados, senadores y otros cargos políticos, el gobernante juró ante la Constitución de su país en los tres idiomas oficiales: francés, alemán y flamenco: “soy consciente de las responsabilidades que reposan sobre mí desde hoy”, afirmó.
Matilde, a la que el monarca se dirigió con palabras de cariño, se convierte de esta forma en la primera reina de origen belga de la historia del país. Así, la hija de ambos, Isabel, se sitúa como la princesa heredera al trono a la edad de 11 años. Junto a ellos estaba la saliente reina Fabiola, muy emocionada.
Felipe se posiciona como el séptimo soberano desde la fundación de la monarquía, en 1830.
Aseguró iniciar su reinado con la firme voluntad de servir a los belgas en perfecto entendimiento con el Gobierno. Como su padre, se refirió además a la importancia de mantener la unidad en la plena diversidad del país.
Tras la ceremonia, los reyes procedieron al tradicional saludo desde el balcón del palacio real belga, tal y como se programó.
En el centro de Bruselas, una cantidad de personas esperaban entre vítores al nuevo monarca, a pesar de las altas temperaturas.