Esa fue la conclusión de un improvisado conversatorio en el que, a manera de broma, le explicábamos al "mozalbete" algunas cositas que hacíamos o decíamos las mujeres para sacarnos a los hombres indeseables de encima.
Sí, tengo que aceptarlo, cuando queremos somos maquiavélicas y crueles. Esa imagen de doncellas puras y delicadas de novelas rosa le va a pocas, poquísimas.
Cuando dos super amigos halagaron mi trabajo, pero pidiendo que también les hablara a ellos de nosotras, supe que en honor a la justicia tenía que hacerlo. Ustedes saben que cuando se reúne un grupo de amigas las palabras abundan; es, como dice el refrán: "Reunión de gavilanes, mortandad de pollos". Lo que no saben es que la mayoría de las veces ustedes son las pobres avecillas.
Hablamos de nuestras parejas desenfadadamente: de sus cuerpos, de sus malas mañas, de su buen o mal gusto al escoger la ropa, de situaciones vergonzosas que ustedes creen que guardamos celosamente y de su desempeño sexual, sí, y somos muy explícitas.
Reímos a carcajadas intercambiando cuentos y anécdotas. Por eso cuando le presentamos a nuestras amigotas y ustedes se sienten algo incómodos, es porque, quizás, ella sabe más de ustedes que sus propias madres. Si tenemos a nuestro lado a un hombre generoso y detallista, hablamos de sus cualidades cada vez que tenemos la oportunidad hasta el punto de fastidiar a las "chicas" sin siquiera notarlo. Si por el contrario es lo que dirían ustedes un buen administrador, traducido a nuestro lenguaje: tacaño miserable, nos confabulamos y reforzamos coartadas.
Una blusa nueva, un collar que no nos habían visto o un divino par de sandalias pueden ser producto de varios factores: un descuento del 90 % que no pudimos desaprovechar, la generosidad desmedida de una amiga o producto de la diosa de la fortuna que nos bendijo con una rifa o con el primer premio de los dos pedacitos de chance que compramos a una viejecilla para "cooperar".
Desde antes de que una relación empiece hacemos lo posible y lo imposible por ser visibles. Negociaciones con sus amigos o amigas, horas y horas de arreglo personal y una que otra dieta porque unos kilitos menos nunca vienen mal.
En los primeros días del romance suspiramos por ustedes y admiramos su exterior con detenimiento (eso no lo fingimos, si realmente nos gustan), somos organizadas con sus cosas, aunque las nuestras sean un desastre y hasta cocinamos quienes lo odiamos, todo para acercarnos a su ideal de mujer perfecta.
Al hablar de intimidad somos las reinas del séptimo arte, no por maldad, todo lo contrario. Es como ser porristas de un equipo de fútbol que pierde 5 goles a cero en el minuto 44. Lo hacemos porque somos tan buenas que no queremos herirlos, todos tenemos malos días o noches.
Otra razón podría ser porque alguien dijo por allí que tenemos que disfrutarlo siempre porque sino estamos enfermas; tampoco podemos disfrutarlo demasiado porque igual estamos enfermas. Por mala que sea la técnica, apestoso el aliento de ostras con alcohol o intenso el dolor de cabeza, los "uhhhhhhh" y los "yesss" no deben faltar. Si creen que sólo tenemos fantasías de románticos paseos por la playa, en los cuales nuestro delicado príncipe nos seduce luego de bebernos dos copas de champaña, olvídenlo.
Las fantasías femeninas son la mayoría de las veces tan intensas, vívidas y salvajes como las de ustedes: escenarios poco convencionales o una cantidad mayor al primer número par. Se sorprenderán al saber que en ocasiones queremos más fuerza y rudeza de parte de ustedes, intentarlo con los juguetes de los que leemos en revistas y emplear palabritas subidas de tono. Sin embargo, el temor a que pregunten o peor aún, a que se imaginen que no somos tan "buenas", "inocentes" o "fieles" como nos creen nos paraliza e impide cumplirlas. ¡Nos gusta el sexo y mucho!
Los amamos, pero no podemos dejar de apreciar un buen cuerpo masculino cuando lo vemos y de reconocer las cualidades de otros hombres. Les recriminamos cuando miran a otras mujeres pero nosotras también observamos a otros, aunque más disimuladamente. Hay algunas frases muy comunes que decimos y que tienen un significado subliminal. El conocimiento de ellas les ayudará un poco a entendernos.
"Amor ¿Estoy gorda?: Jamás se les ocurra ser sinceros. Un "Cielo, me encanta cómo te ves" es aceptable. Probablemente insistiremos "¿Entonces significa que estoy gorda? Abrácennos, bésennos y dígannos que nos aman. Sin importar cuanta presión hagamos, no respondan, créanme cuando digo que no hay escapatoria.
"¿Sabes, mi amiga María se compró un vestido bellísimo en tal tienda?" significa que queremos que nos regalen dinero para comprar uno o que en esa tienda pueden encontrar el regalo "perfecto" para nosotras.
Las mujeres somos seres complejos muy parecidas y a la vez muy diferentes a los hombres. No puedo revelar todos los secretos al mismo tiempo, sino, perderíamos mucho de nuestro encanto.