MILES de lectores al año acuden a la Biblioteca Ernesto J. Castillero. Lectores de casi todas las edades. De diversas culturas. Con gustos literarios afines a los suyos y míos. Y muy diferentes también.
Miles leyeron, releyeron y siguen leyendo El Quijote. En un tributo póstumo a Miguel de Cervantes Saavedra y a los 400 años de esta obra cumbre, cuyos personaje Don Quijote fue el más popular del mundo en 2005.
Seguramente no faltarán los que creen que Agatha Christie es lo máximo. Se ríen del terror. Aunque se les pongan los pelos de punta.
También se dan cita en la BINAL los seguidores de la literatura fantástica y de ciencia ficción, que leen y releen los "Cien Años de Soledad" (1967) del colombiano Gabriel García Márquez (1928), novela que se ha traducido a 35 idiomas y de la cual se han vendido más de 30 millones de ejemplares. Sí, allí, desde su silla han viajado. Por una centuria. Con olor a trópico. Con el calor sofocante y pegajoso como el de estos últimos días en Panamá. Lectores que hoja tras hoja, capítulo tras capítulo se han trasladado a Macondo y se han identificado con Aureliano Buendía. O los que prefieren más bien irse con "La Hojarasca" (1955), "El Coronel no tiene quien le escriba" (1962), "Cuando era feliz e indocumentado" (1973), "El Otoño del Patriarca" (1975), "El amor en los tiempos del cólera" (1985), "El General en su laberinto" (1989) y "Noticias de un secuestro" (1996), todas hijas de la mente y pluma prodigiosas del Premio Nobel de Literatura 1982. Del casi octogenario narrador de Aracataca cuyo realismo mágico no terminan de sorprender al mundo de lectores. A su mundo de lectores.
No dejan de faltar en la BINAL aquellos que le siguen la pista a las geniales aventuras de Harry Potter, de Joanne Kathleen Rowling. Que de ser casi una desconocida y pobre mujer pasó al círculo de millonarios, mejor conocida en el mundo literario como J. K. Rowling. Y atrás no se quedan los románticos que pueden pasar horas y horas leyendo a Pablo Neruda, Federico García Lorca, Rubén Darío, Stella Sierra, Elsie Alvarado de Ricord y otros tantos maestros de la pluma cuya lírica está tejida con hilos de oro de este sentimiento pristino al que nadie es indiferente. Ni le puede cerrar las puertas. Amor, sentimiento que llega y permanece. O se va, pero deja huellas imborrables.
Es de rigor mencionar entre los usuarios al jubilado que se da una escapada- ya sea diariamente o con cierta regularidad- al Parque Omar. Desea leer con toda la calma del mundo periódicos locales y quizás navegar un rato por la red a la vez que saluda a un par de conocidos y realiza una caminata. Quién como él que tiene todo el tiempo del mundo.
Lectores esporádicos no dejan de presentarse en busca de una información específica o cuando hay un acto en el Parque y "ya que andaba por los alrededores..."
Los escritores, docentes, investigadores y estudiantes se cuentan también entre los lectores. Unos más asiduos que los otros.
En ese centro cultural que es la BINAL siempre suele haber gente que encuentra en el libro placer, distracción, conocimiento, solaz.
Gente a la que la lectura le trae recuerdos, la anima y la transporta a mundos maravillosos.
Hay tantos libros. Tantos temas interesantes. Tan bien escritos. Hermosamente ilustrados. Grandes, chicos, pequeños. De lomo ancho. De cubierta dura. Revistas. Panfletos. Y está el Centro de Audiovisuales.
Siempre es ganancia ir a la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero. Hay una esmerada atención. Y múltiples servicios. Servicios que se diversifican cada vez más, en el interés de coadyuvar con el crecimiento humanístico de la comunidad y abrirle puentes para su superación integral.
Si no la conoce, ¿qué espera?
Los amigos de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero son personas especiales y reciben un trato especial.