Tras concluir su estancia en los Juegos Olímpicos de China, incluida una visita oficial relámpago a Mongolia, el príncipe Federico llegó a la isla australiana de Tasmania, tierra natal de su esposa, la princesa Mary, para pasar unos días de vacaciones con ella y sus dos hijos, los príncipes Christian e Isabella.
La Princesa y los niños fueron a recibir al Heredero danés al aeropuerto de Hobart, la capital de la isla, y allí intercambiaron besos y abrazos.
Poco después, los cuatro se dirigieron a un parque cercano para que los niños pudieran jugar.
Mary se ocupó de la pequeña Isabella, mientras Christian mostró a su padre las cosas que había aprendido a hacer en su ausencia.