Estas normas se establecieron para evitar problemas, situaciones tirantes y conflictos y además, exponer ante los demás nuestro mérito personal, el respeto que tenemos por nuestros semejantes y el autocontrol que poseemos. En muchas ocasiones nuestra inteligencia será medida por cómo seamos capaces de aplicar estas reglas.
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Si no le indican el vestuario que debe usar en un evento, no intente impresionar con su ropa. En una boda, por ejemplo, no olvide que los que deben destacar son los novios y los padrinos, no intente sobresalir tanto que lo puedan confundir con uno de ellos. Tampoco caiga en el exceso contrario, llevando una ropa capaz de hacer pensar que no se ha cambiado para la ocasión.
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Si decide llevar un pequeño regalo, o las circunstancias lo obligan a hacerlo, procure que no sea un postre o una botella de vino, a menos que tenga la confianza necesaria con sus anfitriones o que lo haya acordado antes con ellos. El regalo debe entregarse a la señora de la casa, y solo se le dará al señor si la fiesta está dedicada a él.
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Los hombres se saludan estrechándose la mano de forma firme, pero sin apretar en exceso. Es muy desagradable notar una mano blanda y sin energía, pero tampoco es agradable que nos quieran quebrar la mano. Tanto hombres como mujeres, cuando saluden a la anfitriona, pueden besarla si tienen confianza con ella, de lo contrario una ligera inclinación de cabeza será suficiente.
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Coma o beba con moderación. Cuando no quiera algo, simplemente diga "no, gracias", evitando gesticular o hacer muecas. No pregunte por los ingredientes de un plato mientras come. Si le interesa mucho la receta, puede preguntar por ella después, siempre que esté seguro de que la anfitriona fue quien lo cocinó.
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Si necesita ir al baño, no se le ocurra anunciarlo con comentarios "graciosos".
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Si provoca sin intención un pequeño accidente, como derramar el vino, manchar un vestido o romper una copa, pida disculpas y ofrézcase con sinceridad a reparar el daño causado, siempre sin insistir demasiado.