Manuel Tricallotis fue herido por Cupido.
El fruto de ese embrujo, que es el amor, tiene un nombre, Patricia.
Sólo nombrarla le trastorna los sentidos. Recordarla, pensar en ella, hace que la sangre galope desbocada en las venas del artista chileno, quien “se confiesa” en una tarde de lluvia que le trae recuerdos de otra estación de la vida: el otoño. Por el que atraviesa también él.
“Es la última mujer otoñal de la que me enamoré. Ella es asombrosamente y absolutamente cambiante. Chispeante, Simpática. Es actriz. Es ecuatoriana. Es boliviana. Es holandesa. Es peruana. Mide. 1.75. Es atractiva para cualquier ojo humano. Y yo, un hombre tan visual. Tan poco sentimental...”, esto nos dice mientras nos muestra algunas de las pinturas que expondrá primero en el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, MARTA, desde mañana y luego, en el City Club.
Ella, Patricia, no fue la primera mujer en su vida. ¿La última? Dios sabrá. En todo caso, es la más reciente. Por ahora, su corazón, el corazón de hombre de Manuel todavía late por ella.
Ella es la mujer de varios de sus cuadros. Del titulado “Magia de otoño”, porque, según nos dijo, “eso fue lo que viví dos años”. Fue la mujer de sus noches y días.
Esta mujer, sigue diciendo, “es una mujer hermosa, atractiva y tiene una magia especial...”
Añade que “ella es ciudadana de fin de semana, de una noche prolongada, de pasiones de esas dulzuras sin límites, del quehacer por el otro, del todo por el otro. Pero, cuando viene el fantasma de la rutina, que nos metralla, no se puede. La rutina mata, acribilla...”
Desde niño sintió una atracción especial por la pintura. Quedó atrapado en el embrujo de esta otra pasión a los treinta años, después de haber corrido algo de mundo.
“Creo que uno se asoma a la pintura como mucha gente, pero, hay un tiempo en que finalmente decide ser pintor”.
Ahora bien, no le cabe duda de que en cierta forma “ser artista es una lotería pero no siempre se toca los sentimientos y se conecta con el espíritu de las personas”.
Opina que lo que sucede es que “al final uno no elige. Es elegido. Alguien un día propuso pomposamente que el artista es un elegido de los dioses”.
Ser artista, ¿qué es? Para Manuel Tricallotis “el artista es el que por el nuevo orden está para señalar el camino. El artista es un filósofo de la vida. El artista es un pensador de su tiempo. El artista es el que tiene que enseñar desafíos. No es un simple contemplador de la vida”.
Para él, “la pintura en sí misma no es la representación de algo. Es un acontecimiento de vida. Tiene vida propia”.
“Yo heredé la palabra de mi padre y la sensibilidad de mi madre“, nos dice.
Y, está convencido de que el pintor tiene un gran compromiso social. No puede, quedarse mirando los toros desde la barrera. Ha de aportar, guiar a la humanidad para que enrumbe sus pasos. Para que sea más sensible. Mejor.
Añade que “un pintor se la tiene que jugar. No puede estar mordiendo fracasos. Tiene que seguir...”
Él pinta con espátula. Logra mayor textura en sus obras. En cierta forma “es como regresar al viejo barro del Hacedor primero. Lo que damos es eso. Un soplo de vida al barro que canta en la espátula”.