RAÚL Vásquez Sáez está convencido de que "los artistas todos tenemos algo de príncipes y de mendigos". Así como la vida lo ha colocado en escenarios de lujo para exhibir su producción artística y ha podido interactuar con personalidades, hay otros instantes en que le ha tocado tener a pordioseros u otros marginados sociales como interlocutores. Así le ha pasado incontables ocasiones, en que buscando objetos qué rescatar para buscarles el ánima y convertirlos en arte sin trastocar su esencia, ha podido conversar con mendigos. Y ha aprendido de ellos, como de todo el que encuentra en su camino. Y, nos lo confiesa, en entrevista sobre su más reciente muestra artística, que exhibe en la Galería Habitante.
Son alrededor de 25 trabajos, donde ha echado mano de numerosas técnicas mixtas, que le gustan porque todo tiene cabida.
Explica que cuando se pone a trabajar en una obra se remite al aspecto espiritual. A ese convencimiento suyo de que cada cosa tiene su ánima, su espíritu.
"Así debe ser el artista, saber ver en cada material, aunque sea muy humilde, la vida interna de éste. El artista debe captar el ánima del material, del objeto. Yo voy recogiendo materiales, objetos que otros desechan, que consideran inservibles y algunos no los trabajo inmediatamente. Espero. Soy paciente. A veces el objeto no me habla directamente, de inmediato. Después, llega un momento en que miro el objeto y algo me dice qué hacer con él". No lo llama inspiración. Lo denomina motivación.
Ante la pregunta de si cree en Dios nos responde que nació en una cuna Católica. A los 14 años, sin embargo, andaba con un libro de Vargas Vila bajo el brazo. También leyó a Nietzche.
" Y me volví ateo. Vi que como ateo tampoco era la cosa. Que había algo. Me puse en orden, sin pelear. Me di cuenta que la religión no son dogmas ni son cultos, es una condición interna, la comunión con todas las cosas y el universo. Para mí Dios es todo, no la fábula que me cuentan. Es el principio constructivo de todas las cosas. La chispa energética de todo lo que mueve el universo".
Desde que tiene razón Raúl Vásquez ha sido dibujante. Recuerda que a los seis años se definió el artista.
El arte siempre ha tenido un lugar privilegiado en su hogar. Su abuelo por parte de madre tocaba el violín. Era el Dorindo Cárdenas de su tiempo. Su padre, cantante de orquesta. Alternó con Celia Cruz, Daniel Santos y Julio Jaramillo.
De él nos dice también el "Hacedor de Amueltos" , que ama muchas cosas: una semilla, una piedra, los colores de los pájaros, el canto de un ave.
No sólo cree en el animismo. Ha tenido una tendencia hacia esa búsqueda de la introspección. Ese hallar respuestas vía la observación profunda de las cosas. No es que sea ermitaño. Esa afección por la naturaleza le hace disgustarse cuando alguien la agrede. Una ramita en la playa, una concha, la arena seca donde dibuja con un palito arte, una piedra y unos palos que amontona y forma una escultura.. Son tantas las obras que ha creado y en un monólogo ha ofrecido a la naturaleza, porque, con su arte primordialmente no busca el aplauso popular, la fama ni el dinero.
El también autor de dos libros de poesía es padre de una vasta y compleja obra de arte. En tela, papel, madera, barro.. El haber estudiado Zen le ha sido de gran utilidad.
Raúl Vásquez vive el día a día junto a Doris Dalila, su esposa.
Lo que hace es rendir un tributo a cada cosa, rescatarla y escribir historias con ellas o sobre ellas con su arte, ver más allá del simple objeto.
Vásquez cree en el animismo y valora las cosas sencillas
El "Hacedor de Amuletos" ha aprendido a ver en cada cosa su espíritu, su ánima.