La violencia estalló en las manifestaciones celebradas en algunas ciudades de Pakistán por los grupos integristas islámicos partidarios del régimen talibán para protestar contra los bombardeos de EEUU y el Reino Unido contra Afganistán, que se reanudaron ayer.
Al menos una persona murió y más de un centenar resultaron heridas en los enfrentamientos librados en la ciudad de Queta, donde todos los centros de enseñanza fueron cerrados por tres días, entre la policía y unos diez mil manifestantes de la formación integrista Jamiat- Ulema-e- Islam, o del Partido de los Clérigos Musulmanes.
Los encolerizados manifestantes, en su mayoría pastunes, el grupo étnico de los talibán, tomaron bajo su control algunos barrios de Queta, la capital de la provincia de Beluchistán, tras levantar barricadas formadas por pilas de neumáticos ardiendo.
Durante los disturbios, los alborotadores saquearon las dependencias de la Alta Comisaría de las Naciones para los Refugiados (ACNUR) e incendiaron las sedes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y dos salas de cine en las que se proyectaban películas norteamericanas.
También los seguidores de los integristas paquistaníes, que coreaban gritos de "Abajo América" y "Muerte al presidente Bush", atacaron un banco, en el que causaron desperfectos y quemaron las dependencias de los servicios de investigación de la Policía y varios comercios situados en el mercado de abasto.
La víctima, según el doctor Abdullah, del hospital general de Quetta, murió al ser alcanzado en la nuca por uno de los botes de humo disparados por la policía para disolver los grupos de manifestantes.
Entre los heridos figuraron tres policías que fueron trasladados al hospital local tras recibir impactos de piedras u otros objetos arrojados por los manifestantes, muchos de ellos provistos de palos y fotografías de Osama bin Laden, líder de la red terrorista "Al Kaidah" y al que EU responsabiliza de los atentados del 11 de septiembre pasado.
En medio de la violencia, la policía mantuvo apartados a los cientos de periodistas, a los que, como en otras ocasiones, confinó temporalmente en el hotel Serena, el más popular entre la prensa occidental y cuyo accesos fueron bloqueados con alambradas de espinos.
MAS PROTESTAS
Otra protesta, sin incidentes violentos, tuvo lugar en el paso fronterizo de Chaman, situado unos cien kilómetros al noreste de Queta, donde los cerca de seis mil participantes denunciaron al Gobierno de Pakistán por apoyar los ataques contra objetivos situados en territorio afgano.
Los manifestantes quemaron monigotes del presidente de Pakistán, general Pervez Musharraf, quien horas antes en Islamabad había declarado que "la inmensa mayoría de la población está con el Gobierno".
Aunque en la mayor parte de las ciudades de Pakistán se vivió una jornada de calma, la violencia también estalló en la localidad de Peshawar, situada en la proximidad de la frontera con Afganistán, donde grupos formados por cientos de estudiantes iracundos y algunos refugiados afganos se enfrentaron a la fuerzas de seguridad.
La policía disparó botes de humo para disolver a los seguidores del régimen talibán, enardecidos tras concluir sus plegarias de mediodía en las mezquitas locales.
En Islamabad, unas cuatro mil personas tomaron parte en la manifestación pro-talibán, que se dirigió hacia la embajada de Estados Unidos, fuertemente custodiada por la policía.
En la conflictiva Karachi, la mayor ciudad paquistaní y donde durante las últimas semanas se habían desarrollado las más importantes manifestaciones protalibán, cientos de policías provistos de fusiles fueron desplegados en las inmediaciones del puerto de esta ciudad y en los accesos al consulado de EU.
Mientras tanto, continúa detenido el líder de la influyente organización Jamiat-Ulema-e- Islami (JUI), mula Fazal-ur Rehman, que fue arrestado el domingo, con el fin de prevenir que incitase a las protestas callejeras.