La frase
- Ahora llegará una época de cambios profundos. A partir del lunes (hoy) nos reuniremos y tomaremos decisiones. Josep María Bartomeu - Presidente del Barcelona
Barcelona ya tiene establecido su plan de cambio
- El futuro del Barcelona prevé una época de cambios profundos, como adelantó el presidente, Josep María Bartomeu, con una hoja de ruta compleja, que liderará el nuevo técnico, Luis Enrique Martínez, quien marcará la pauta sobre la nueva plantilla.
- Ahora llegará una época de cambios profundos. A partir del lunes (hoy) nos reuniremos y tomaremos decisiones. Hay muchas cosas que ya están decididas y los cambios los iremos anunciando, dijo Bartomeu tras acabar el partido ante el Atlético.
- No pensaba el presidente que los hechos se precipitaran, y esperaba que Gerardo Tata Martino no anunciara su adiós hasta el próximo lunes. Pero el argentino necesitaba liberarse de su compromiso y poner tierra por en medio tras un año muy complicado en todos los niveles.
- La reunión de la junta directiva que se celebrará esta próxima semana, con una fecha todavía por concretar, abrirá el fuego de las decisiones. Presentará el director técnico Andoni Zubizarreta el plan de actuación inmediato y se espera el anuncio de la contratación de Luis Enrique.
- La duración del contrato del técnico es una de las cuestiones que se desvelarán. La directiva tiene el aval de los socios hasta junio de 2016 y, como mucho, el compromiso debería tener esa duración.
- Mucho más compleja se presenta la composición de la lista de altas y bajas. Conocidas las de Víctor Valdés, que se recupera en Alemania de una operación y la de Carles Puyol, que ya no jugará en la primera línea; se abren muchas interrogantes.
En poco más de noventa vibrantes minutos, en un partido a vida o muerte contra el eventual campeón Atlético de Madrid, el Barcelona pasó el sábado de celebrar la posible 23.ª Liga de su historia a cerrar un glorioso ciclo que incluía la conquista de cuatro de los cinco anteriores campeonatos españoles.
El choque acabó en empate, 1-1, valedor para la celebración “colchonera” y desencadenante del rito funerario culé, que empezó con la confirmación del adiós, ya intuido, de Gerardo Martino en sala de prensa.

En una Liga conquistada con 90 puntos, el anterior campeón ni siquiera cumplió los requisitos más básicos, incapaz de tumbar en la última fecha y ante su propia afición al Atlético, con quien pugnó hasta el último aliento por el trono, tomado finalmente por el plantel de Diego Simeone.
La Liga, el único título mayor que seguía en liza para los “azulgranas”, fue más tortura que travesía mágica para Martino y sus futbolistas, quienes iniciaron el camino hace diez meses con el pie cambiado, al caer enfermo el anterior timonel, Tito Vilanova, lo que precipitó el arribo del técnico rosarino.
El entrenador catalán, tristemente fallecido el pasado 25 de abril víctima del cáncer que se le diagnosticó en 2011, venía de ganar el anterior campeonato en su primer y único año al frente del Barcelona, que apostó por dar continuidad al modelo de Pep Guardiola, hoy del Bayern Múnich, al ofrecer la alternativa a un hombre de casa.
Martino aterrizó en paracaídas en Barcelona, pero el arranque a remolque no tuvo aparente impacto negativo en la competición liguera, que el Barcelona empezó copando 50 puntos de 57 posibles y goleando por 7-0 al visitante Levante en la fecha inaugural, la primera victoria de ocho al hilo.
Pero ya tras la quinta, una goleada por 4-0 en cancha del Rayo Vallecano pocos días después del fallecimiento de su padre en Argentina, Martino se percató de que no todo iba a ser un camino de rosas, asombrado de que la crítica destacara por encima del resultado la pérdida de la posesión del balón, sello distintivo de la etapa anterior.
Con un plantel envejecido y exhibiendo ciertos síntomas de acomodamiento, el “Tata” peleaba en varios frentes en el enrarecido ambiente de Barcelona, pues a las dificultades deportivas se sumaban fuertes distracciones en los despachos.
El brasileño Neymar, incorporado a golpe de talonario para asumir parte de la carga que arrastraba desde hacía varias temporadas Lionel Messi, no acababa de arrancar y la polémica en torno al coste real de su fichaje se llevó por delante al presidente Sandro Rosell, quien dimitió en enero y fue remplazado por Josep María Bartomeu.
Sin el hombre que apostó por su contratación al frente de la institución, Martino sintió cómo a la sensación de persecución mediática se le unía la de una cierta soledad.
Cayó también a principios de abril una sanción de la Fifa, la cual impidió el fichaje de futbolistas por incumplimiento con la norma de traspasos de menores; aunque luego el castigo quedara aplazado. Y finalmente, el peor mazazo: el fallecimiento de Vilanova a finales de ese mismo mes.
Y pese a ello, el Barcelona siguió vivo en la pelea, líder en 23 de las 38 fechas totales, y siempre a distancia del Atlético y el Madrid, con el que finalmente acabó empatado a 87 puntos. Conectado a la Liga por pura matemática y talento más que ánimo o convencimiento. Si en anteriores años, los culés seducían por resultados y juego, dominaban sus partidos y sometían a sus rivales, en la actual campaña simplemente sobrevivían y aspiraban a solventar más que enamorar.
La lesión de Víctor Valdés en la fecha 30 hasta final de temporada se notó en la retaguardia y en especial la final de la Copa del Rey, perdida 2-1 ante el Madrid en ese terrible mes de abril.
Lo ocurrido desde entonces ya es historia: uno de los finales de campeonato más rocambolescos que se recuerdan, con ninguno de los dos primeros capaz de solventar con victoria sus tres últimos choques.
Y una final a cara o cruz con el Atlético en el Camp Nou, saldada con un empate que valió una Liga de 90 unidades. Un título que el Barça quería dedicar a Vilanova, el llorado campeón de los 100 puntos, pero que los culés vieron teñirse de rojiblanco mientras despedían amargamente a Martino y a un ciclo irrepetible.