El presidente Alberto Fujimori reveló una triangulación ilegal de armas que perturbó las relaciones entre Perú y Colombia, salpicando al lejano reino de Jordania, pero que según analistas y opositores en Lima esconde objetivos políticos en los frentes interno y externo.
Fujimori y el principal asesor de inteligencia de su gobierno, Vladimiro Montesinos, dieron cuenta el lunes del desmantelamiento de una red de traficantes que el año pasado lanzó desde el aire 10.000 fusiles rusos Kalashnikov a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en tres vuelos de aviones de fabricación rusa que partieron desde Ammán, Jordania.
El develamiento fue obra de la inteligencia peruana, en la que -dijeron- no participó en absoluto la colombiana.
A partir de allí Bogotá y Lima entraron en un "pimpón" de aclares, precisiones y reiteraciones sobre quién se enteró primero del asunto, mientras Ammán se decía "sorprendido" por la versión peruana, que identificó incluso al personal comprometido en la mafia, incluyendo a altos militares jordanos.
Colombia planteó terminar la polémica "porque es mejor avanzar en el propósito común de luchar contra el delito".
"Queremos dar por terminada esta polémica con el presidente Fujimori, porque lo fundamental acá no es quién informó primero (sobre el trasiego de armas), sino avanzar en el propósito común de lucha contra el delito internacional", dijo a la