Periodista
Son interesantes las oportunidades que ofreció a chicos y grandes, la Copa Mundial Sudáfrica 2010.
Oportunidades para la sana discusión, las correcciones idiomáticas, la amena conversación, la búsqueda de información sobre determinados jugadores, adquirir nuevos conocimientos históricos y geográficos, oportunidad de negocios por todos los artículos promocionales de los equipos, las apuestas, la chistosa y entretenida competencia entre los matemáticos y el famoso pulpo Paul por predecir los resultados.
No se queda por fuera la humildad que ha tenido la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), de reconocer los errores de su cuerpo de árbitros, ofrecer disculpas, y su promesa de mejorar el sistema.
De los ricos intercambios informativos, surgió la aclaración de que Holanda no es un país, sino una provincia. Holanda Septentrional y Holanda Meridional son dos de las 12 provincias que integran el Reino de los Países Bajos, cuya capital es Ámsterdam.
Tomó calor la confusión de que Inglaterra y Reino Unido es un mismo país. Muchos no tienen claro que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte está formado por cuatro países: Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte.
Hubo información errada sobre la capital del país anfitrión, Sudáfrica, el que en realidad tiene tres capitales: Pretoria (administrativa), Bloemfontein (judicial) y Ciudad del Cabo (legislativa).
Rauda y veloz por la forma como escribían los periodistas el nombre del país, la Fundación del Español Urgente (FUNDEU) aclaró que los topónimos Suráfrica y Sudáfrica hacen referencia al país, por lo que es correcto usarlos como sinónimos; sin embargo, África del Sur designa la parte meridional del continente africano.
Pero aclara que tanto Suráfrica como su gentilicio, surafricano, tienen un uso minoritario; es preferible emplear el topónimo Sudáfrica y el gentilicio sudafricano, mucho más utilizados.
Y las curiosidades del mundial 2010 incluyeron a las esbeltas chicas que se pintaron el cuerpo desnudo con los colores de las banderas de las selecciones favoritas. Algunos lo ven como un arte, como entretenimiento, y otros, como sinvergüencería.
Lo que sí queda claro es que en cada página de este libro han quedado grabadas: pasiones, sentimientos, alegrías, tristezas, creatividad, sabiduría y sobre todo, la grandeza de un pueblo que ama el deporte.
Y, como todo lo veo por el lado didáctico, me ha encantado que niños y niñas hayan aprendido al menos, cuáles son las banderas de los países y se hayan sentido motivados a hacer ejercicios de localización.