Lionel Messi completó la noche del viernes sus primeros noventa minutos en la Copa América con una mezcla de desazón y fastidio, y con la sensación de que la selección argentina deberá hacer profundos ajustes para arroparle como lo hace la estructura colectiva del Barcelona.
"No fue lo que esperábamos, ya que era un partido que teníamos que ganar, pero dentro de poco hay otro y no hay que volverse loco por haber empatado (1-1) con Bolivia", dijo.
"Lo intentamos todo, pero hubo cosas que no salieron bien. Fue un partido raro. Hay que seguir creciendo y mejorando", añadió.
Si bien Messi no lució con la misma brillantez que en el Barcelona, la “Pulga” fue el más determinante del equipo de Sergio Batista en el primer tiempo, pero en el complemento se le apagó la luz. Pasó varios minutos sin tocar el balón, se le vio nervioso y se perdió en la confusión que envolvió al equipo argentino, al que salvó Sergio Agüero.
Completó su noche con una declaración impropia de su figura, al calificar de "gol de mier..." el marcado por Bolivia al comienzo de la segunda etapa.
Nada más asumir como seleccionador, Sergio Batista dijo que su objetivo sería que Argentina jugara como el Barcelona, con Messi como eje del equipo.
En el conjunto catalán, Messi es más definidor que creador, función de la que se encargan Xavi e Iniesta. En Argentina, Leo tiene que bajar a buscar el balón porque, queda claro, ni Ever Banega ni Esteban Cambiasso tienen las mismas características de los cerebros azulgranas.