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Los temas de su poesía, toman la dimensión de una profecía cumplida

Nacido en la capital mexicana, Pacheco ganó prácticamente todos los premios literarios posibles de su país y algunos de los mayores a nivel mundial, como el Cervantes (2010) y el Reina Sofía (2009).


Eduardo Castillo ( México, AP) / AP

Humanismo literario

  • El historiador mexicano Enrique Krauze leyó unas palabras con las que elogió a Pacheco al considerarle "uno de los más altos humanistas literarios en las últimas décadas en nuestro país y nuestra lengua".
  • "Fue un niño triste y un viejo prematuro. Fue el fruto mejor de las generaciones literarias en México y al mismo tiempo el custodio de ese jardín armonioso que alguna vez fue la literatura mexicana".
  • "En lo personal, y es a la persona antes que al poeta a la que quiero rendir homenaje, José Emilio era singularmente caballeroso pero no por un cuidado artificial de las formas sino por una actitud que debió venirle de muy atrás, del México que añoró siempre, una actitud que cabe en una noble palabra ahora en desuso: decencia".
  • Le consideró una persona "buena", "un maestro cautivante", "un conversador amenísimo" cuya vocación fue "llegar al público, no solo al especializado sino al lector común".

México despidió esta a uno de los más queridos de sus letras, no solo entre la intelectualidad o la academia, sino de todo aquel que ha tenido la fortuna de leer alguna de sus obras: José Emilio Pacheco, poeta y narrador.

Un día después de su fallecimiento, acontecido en la Ciudad de México a los 74 años, familiares, amigos e incluso desconocidos asistieron al homenaje para el escritor que en vida fue exaltado por igual por su poesía, narrativa, ensayo, crítica y trabajo como periodista.

El auditorio del Colegio Nacional, institución que desde la primera mitad del siglo XX reúne a los pensadores mexicanos y del que era miembro el poeta, recibió el ataúd color ocre de Pacheco para los honores de cuerpo presente.

“Frente a su muerte sorpresiva, los temas poéticos de José Emilio -la pesadumbre, la melancolía, la desesperanza, el desconsuelo, el plazo implacable del tiempo- adquieren una nueva dimensión, adquieren la dimensión de una profecía cumplida”, dijo el escritor mexicano Enrique Krauze, quien a petición de la familia fue el encargado de ofrecer unas palabras sobre su amigo.

 

Nacido en la capital mexicana, Pacheco ganó prácticamente todos los premios literarios posibles de su país y algunos de los mayores a nivel mundial, como el Cervantes (2010) y el Reina Sofía (2009).

La muerte del escritor conmovió a muchos que destacaron no solo su erudición, sino también su sencillez y su sentido del humor.

Pacheco “era fundamentalmente bueno, era un hombre que no se creía; nunca fue la divina garza”, dijo Elena Poniatowska, quien señaló que de joven lo veía como si fuera un cura, porque iba siempre de negro. “Uno se reía muchísimo con él”, dijo.

Para Krauze, su colega era un hombre “singularmente caballeroso”, alguien con una amplia curiosidad, aunque prudente y reservado, que valoró a los viejos, elogió a sus contemporáneos y alentó a los jóvenes.

Precisamente son los jóvenes quienes tras el paso de generaciones continúan con la lectura de sus obras más populares como “Las batallas en el desierto”, que narra la vida de un adolescente prendado de la madre de unos de sus compañeros de clase.

“Lo conocí en persona”, dijo Jazmina Barrera, becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas de 25 años, quien asistió al homenaje. Su muerte “significa una voz menos que se sumaba a las controversias políticas, sociales y por supuesto literarias”, agregó.

Cristina Pacheco, periodista y viuda del escritor, relató que todo tipo de personas llegaban las conferencias que solía dar Pacheco en el Colegio Nacional.

“Recuerdo haber visto mujeres con la bolsa del mandado entrando corriendo a verlo y disculpándose porque llegaban tarde. Venía gente de la calle, estudiantes, comerciantes'', dijo a periodistas que se arremolinaban para obtener alguna palabra suya.

Con la voz entrecortada, afirmó que su esposo tenía “enormes ganas de vivir” e incluso “teníamos planes de aquí a 2.000 años, por decir algo”.


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101 años de Panamá América

 
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