Si les digo que la hípica es el “deporte de los reyes”, no les estaría revelando ninguna primicia; eso lo sabe todo el mundo. Pero si les relato una serie de hechos y expresiones de nuestra vida cotidiana que guardan relación con este espectáculo, se sorprenderían cuando constaten de que todos llevamos a un hípico adentro. No se rían, es en serio.
Comienzo por contarles que una manera a través de la cual algunos reyes trataban de confirmar su supremacía sobre otros reinos era mediante el enfrentamiento de sus caballos. Una vez acordaban la fecha, hora y lugar de los encuentros, daban “rienda suelta” a la competencia. Sí, “rienda suelta”, lo mismo que hacemos con nuestras emociones y a veces con nuestra lengua. ¿Ven?, allí surge nuestra primera vertiente hípica.
Volviendo al tema de los reyes y las carreras, como en aquellos tiempos las planicies o el desierto servían como pistas de carreras, llegaba un punto en que no había manera de que cada rey identificara los caballos que lo representaban, cuando estaban distantes. Ahí surgió la idea de que cada rey escogiera un color para reconocer a su caballo. En esa decisión tiene su origen la expresión “defender los colores”.
Sí, eso que usted y yo hacemos cada vez que representamos a nuestra familia, a nuestro colegio, a nuestra empresa o al país, es “defender los colores” y es una expresión que se anidó en el ámbito hípico.
Tenía planeado escribir hoy sobre el clásico de mañana, pero cambié de planes. Mañana es otro día y no quiero apurarme para que no me “cojan cansao”.
Ya sé, usted también ha empleado esta expresión para referirse al hecho de que no lo sorprendan o lo tomen desprevenido. Para su información, ningún jinete, entrenador ni mucho menos un dueño quieren que los ‘cojan casados’. Es una verdadera desgracia.
La recta final de una pista de carrera tiene usualmente 400 metros de longitud y aproximadamente 30 metros de ancho. Hay jinetes que prefieren el “caminito” y se meten en el riel, mientras que otros aguardan que se les presente un claro y pasan como si los demás estuvieran “parados como una estatua”.
Como podrán ver, sin advertirlo hemos ido integrando a nuestro hablar una serie de conceptos y expresiones que tienen origen en la jerga hípica y que sirven para que les salgamos al paso a las vicisitudes de la vida.
El lenguaje de los hípicos ha calado hondamente en el modo de conversación de la mayoría de la gente, especialmente en Panamá, sin que muchos lo hayan notado.
Todos reconocemos que vivimos “a la carrera”, que muchas veces “nos agarran llegando” o “en la gatera”, pero -sobre todo- sabemos que esto es una competencia de “resistencia y no de velocidad”.
Ahora, hay algunos términos que no son tan famosos, pero en el círculo íntimo de los hípicos son muy conocidos. Tal es el caso de “una Alicia”.
Se entiende por “una Alicia” a un caballo que se presenta fácil, que no debiera tener problemas para ganar. Me cuentan algunos amigos que esto tiene que ver con un donjuán que era hípico y que tuvo una novia llamada Alicia a la que conquistó con facilidad.
Pero ese será tema de otra columna, porque se me acaba el espacio que tengo disponible, o sea que la meta está cerca, así que mejor “voy por fuera” antes de que me “pase de largo”.