Independientemente de los desaciertos administrativos que, antes y ahora, han incidido en el desarrollo de la hípica en nuestro medio, ya no hay lugar dudas sobre el hecho de que la raíz del problema está en legislación que regula la actividad.
Como anotamos ayer, se hace necesario por un lado, homologar los Reglamentos de Carreras y Apuestas y, por otros, hacer cambios importantes.
Para poner un ejemplo poco complicado, abordemos el artículo 230 del Reglamento de Carreras, el cual señala que: "En una misma carrera podrán inscribirse caballos de un mismo Preparador o Propietario, siempre y cuando no tenga más del cincuenta por ciento (50%) del total de los caballos participantes en el evento. Este porcentaje podrá variar en agrupaciones de caballos importados que por razones especiales sean autorizadas por el Secretario de Carreras".
El espíritu de esta norma es impedir que haya un monopolio de una cuadra o entrenador en algunas carreras y que los apostadores no se vean afectados con los supuestos "arreglos" que pudieran darse al ser una sola persona la que controle a todos, o a la mayoría de los caballos, en una competencia.
En ese afán de ser más realistas que el Rey, las autoridades que hace años aprobaron esta disposición, han obligado por mucho tiempo a algunos entrenadores a "repartir" sus caballos con colores diferentes y "preparadores brujos" para lograr la confección de un lote y la consecuente celebración de carreras.
Es decir, que es la misma mentira disfrazada de verdad. Lo sano sería eliminar esta disposición que a todas luces es anacrónica, y permitir que todos los ejemplares salgan en el Programa Oficial con sus auténticos entrenadores. Así no se burlaría a los apostadores y no se ridiculizaría a la Secretaría e Carreras, a los Comisarios, a la Comisión Nacional de Carreras, ni a la Junta de Control de Juegos.
No se trata de censurar a los entrenadores que en el pasado y en la actualidad incurren esta práctica, sino de propiciar un ambiente de transparencia dentro del espectáculo de las carreras de caballos en nuestro medio.
Resulta inconcebible que se mantenga vigente un sistema que obligue a los profesionales a actuar en la clandestinidad y a los hípicos pasar de incautos.
Aunque no le hemos confirmado, es muy posible que este sea uno de los pocos países que tiene dentro de su legislación hípica, una disposición tan retrógrada.
Le dejamos la tarea a quienes tienen la responsabilidad de manejar los asuntos legales de nuestra hípica, para que si no pueden garantizarnos un espectáculo bueno, al menos nos presenten uno serio.