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Una novela que pinta situaciones de parejas disparejas

Investigó la vida de las "gringas" en la ex Zona del Canal y también la de muchas "zonians" panameñas y de otras latitudes. Esto le dejó un sabor amargo. Siente que vivieron en un país artificial, casi una especie de gran cárcel, donde las instrucciones abundaban y las autoridades decidían por ellas casi todo...


ARosa María Britton no le basta ser una devoradora de libros. No le basta. Tiene que escribirlos también. Y, ¡qué tan bien que los escribe! De lo anterior son testimonio los muchos premios y distinciones de que ha sido objeto gracias a su pluma. Tanto nacionales como internacionales. Son reconocimientos que agradece y la llenan de satisfacción, pero no le nublan la razón, como pudimos percatarnos en una entrevista que le realizamos en su residencia unos días antes de la presentación de su más reciente novela, la N.º 14, "Historias de mujeres crueles".

La Dra. Britton no se jacta de sus logros literarios, sencillamente la llenan de gozo.

 

Muestra algunos libros, de los miles que tiene en su biblioteca en la sala de estar, se ríe ante nuestra pregunta acerca de distinciones de que ha sido objeto y, nos dice y muestra cómo utiliza algunas placas de éstas como separadores de libros. Los tiene ordenados alfabéticamente.

"Desde Allende hasta Zola. Y cuando muera, con todos mis libros van a hacer una gran fogata". Tiene libros en español y en inglés. De autores de distintas partes del globo terráqueo. ¡Ah!, pero, con todo y que apuesta por el libro impreso, se vale de la tecnología y ha bajado varios de la biblioteca virtual. Entre ellos, libros que leyó hace tiempo y ahora escucha. Los escucha en las horas de tranque, para no perder la calma, con el tráfico que en Panamá es un dolor de cabeza, para aprovechar el tiempo. Son clásicos.

 

Quisimos saber un poco más de su recién nacida novela. Ella está segura de que la mayoría de las mujeres que lean "Historias de mujeres crueles" se identificarán con alguna de las mujeres tipificadas allí. Mujeres que eran tratadas por su pareja como objetos, como seres no pensantes, mancilladas física o psicológicamente y que tenían que conformarse con ir a la sombra de ellos, opacadas, sumisas, cuasi sin derechos, como atadas a ellos con un cordón umbilical.

En su obra veta el maltrato, la cosificación de la mujer, pinta situaciones de parejas disparejas, en el sentido de que prima la "ley del embudo", donde, lo ancho es para él y lo angosto para ella; el pollo para él, los huesos para ella; los sí (concesiones, beneficios, privilegios, facilidades, reconocimientos) para él y los no (barreras, escasez, pérdidas, limitantes, desvaloración) para ella. ¡Ah!, y esos hombres retratados a través de los personajes y situaciones hipotéticas en la obra, existen en la vida real. Existen en todas las escalas sociales. Ellas, también.

 

Esos aprovechados, esos abusadores, esos prepotentes, esos inseguros que necesitan de la fuerza física y el maltrato verbal a su cónyuge o pareja para sentirse "grandes", quedan al descubierto en esta, la decimocuarta novela de Rosa María Britton, donde ella reivindica a la mujer. Hasta a la que no tiene voz y se queda rezagada porque se acostumbró a ser invisible en una sociedad androcéntrica.

Más sobre la autora.
Rosa María Britton es ginecóloga y obstetra, dirigió por casi dos décadas el Hospital Oncológico Nacional (ahora Instituto Oncológica Nacional), es hija de Carmen Justiniani y Matías Crespo. Matías, un cubano que llegó a Nueva York y se casó con Carmen, oriunda de Chimán. "Él murió en mis brazos", recuerda la doctora Britton.

"Mamá era inteligentísima. Muy trabajadora. Una mujer de mucho empuje. Y yo soy lo que soy porque ella me motivó a superarme". ¿Él? "El era un hombre bueno".

 

Su infancia y adolescencia las pasó en Panamá y Cuba. Estudió en colegio de monjas. En sus obras se han colado personajes, pasajes, situaciones, creencias, denuncias... Algunas le pertenecen. Son hijas de sus recuerdos. Otras, de la fábrica de su imaginación. Son catorce obras y 50 años de ejercicio de la ginecología. "El 1 de febrero de 1960 empecé a trabajar de médico".

Ha ejercido su profesión en Canadá, Estados Unidos y Panamá. Es madre de Gabriela (destacada científica que labora en la Ciudad del Saber) y de Walter (quien reside en Miami y es un ingeniero electrónico) y está casada con Carl, que no sólo ha sido un gran compañero, sino un aliado incondicional que le ha permitido crecer y destacarse tanto como médica ginecóloga como en el oficio de escritora.

Y, ¿cómo es ella? Rosa María Crespo de Britton se describe como una mujer con mucha energía y determinación, muy optimista, muy persistente.

"Esta es mi principal virtud, cuando decido hacer algo lo hago", nos dice y hace una de esas muecas que le son tan comunes y con las cuales quiere indicar su disgusto o disconformidad con algo, y agrega que también es bastante intolerante de la burocracia. “No me gusta perder tiempo, para mí es muy valioso. Sufro mucho porque en este país uno de los grandes males es el exceso de reuniones y comisiones que hay. “Yo le llamo reunionitis...".

Eso y la impuntualidad le causan gran incomodidad. No entiende cómo es que la gente no puede ser puntual. Si ella tiene una operación a las 6:30 a.m. pueden tener la seguridad que estará mucho antes en el hospital.

"La Asociación Nacional de Conciertos es la única gente que respeta la hora", dice, y añade que también "la Junta Directiva de la Fundación", refiriéndose a la Fundación Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero, ONG que preside.

Rosa María y la juventud.
Otro aspecto de su vida del cual quisimos que nos hablara más fue el de ese "pegue" que tiene con los jóvenes.

"Sé llegarle a los muchachos", dice complacida. De hecho, hemos sido testigos de su éxito en charlas con estudiantes de secundaria, que se convierten en animadas tertulias donde ellos le hacen cada pregunta y ella les da cada respuesta. Respuestas, eso sí, que por claridosas, les son útiles, poniéndoles ejemplos, situaciones de la vida real, pues ella no se anda por las ramas.

Les habla sin tapujos sobre temas como la sexualidad, les dice verdades, los orienta, los escucha, les habla sobre los riesgos de las relaciones sexuales precoces y sin protección, que incluyen el embarazo precoz y afecciones como las ITS -que les pueden causar incomodidad, dolor y taras- y de enfermedades como el SIDA, que pueden llevarlos a la tumba.

Más confidencias.
Seguimos hablando de ella, con ella. Quisimos saber acerca de sus pasatiempos, de sus gustos y más tarde durante la conversación retrotraerá recuerdos de su infancia y de cómo fue que Panamá "se salvó" de tener una "Tongolele", porque su destino no estaba en un escenario, ella iba a ser contadora de historias, su herramienta sería la palabra.

Tiene dos hermanas y un hermano. Está contenta con sus logros. Le encanta viajar, planea aprender italiano, algún día. Mientras, con un diccionario se ayuda a adquirir las nociones básicas (buenos días, buenas tardes, gracias, sí, a la orden, con mucho gusto...) del griego, puesto que ha sido invitada a participar, a mediados de septiembre de este año, en el Festival Iberoamericano del Libro en Atenas, donde presentará sus obras.

A Rosa María Britton también le gusta cocinar. "¡Muchísimo!", expresa y riéndose y jactándose exclama: ¡Cocino de todo y todo me queda muy bien!

Tiene una gran colección de libros de recetas y sigue coleccionándolas de los periódicos, del Internet, de la TV...Cuando le preguntamos por otros gustos y habilidades se ríe y comenta que en sus buenos tiempos tocaba piano y guitarra.

También supimos que su autor favorito es Jorge Amado y que a ella le resulta fácil ponerle el final a sus obras. Hasta ha tenido finales listos antes que el primer párrafo. Aunque, hace la salvedad de que las más de las veces, sencillamente pasa. Tiene el "hunch" (corazonada), de que ese es el final, que tiene que parar de escribir en ese preciso momento, con esa oración, frase o palabra.

Se nos ocurrió preguntarle ¿qué habría sido usted en vez de escritora? Y he aquí una confesión. Algo, que pudo haberle cambiado la vida. Una intervención, fortuita. Una intervención de alguien a quien siempre le estará agradecida, su tío Moyito. Es que tenía mente para los negocios y cuerpo para otra cosa. No me malentiendan.

"Cuando era chiquita, me gustaba bailar mucho y me encaramé en una mesa haciendo de Carmen Miranda", y bailaba y bailaba, hasta que su tío Moyito, quien vio a la muchachada haciéndole barra, entusiasta, vino, en buena hora, a "truncar" toda posibilidad de que considerase el baile como carrera. La bajó de la mesa y le metió tres correazos.

¡Qué a tiempo mi tío Moyito interrumpió mi carrera de bailarina exótica!", nos dice, riéndose y hace la salvedad de que no bailaba gratis. "Los pela’os que me veían pagaban cada uno un real".

Eso fue en Avenida B, en su casa tenían una ventana muy grande. Recordando esa experiencia con el tío Moyito fue que se inspiró para su novela "¿Quién inventó el mambo?".

Y, ya que hablamos de música, quisimos saber en qué otra época le hubiese gustado vivir, qué personaje conocer y qué hacer para cambiar el mundo.

"Como era pianista en mis buenos tiempos, me habría encantado conocer a Chopin; tener medicina para curar la tuberculosis, y conocer a Jorge Amado y a Golda Meir...".


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591868
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América