Uruguay vuelve. El “primer campeón”, con más garra que fútbol vistoso, entra en los cuartos de final de un Mundial por primera vez desde 1970. Y vuelve de la mano de dos goleadores de estirpe: Diego Forlán y Luis Suárez, quien ayer enseñó cómo pegarle al “Jabulani” al anotar el gol -para mi gusto- más hermoso de lo que va del torneo.
En el camino de los uruguayos está Ghana, un país que tiene en sus vitrinas varios mundiales Sub-17 y Sub-20. Ghana -que ayer echó a un combativo Estados Unidos- es la única y rica esperanza de aquella África negra, profunda, plagada de tragedias y miserias, y en la que el rodar de un balón funciona -en ocasiones- como válvula de escape a los conflictos y frustraciones cotidianas. Ghana, única sobreviviente de un continente que vio a sus otros cinco hijos (Nigeria, Camerún, Costa de Marfil, Sudáfrica y Argelia) marcharse, sin pena ni gloria, en la instancia de grupos.
Hoy se presentan dos batallas interesantes: la Alemania del espejismo se enfrenta a una Inglaterra a la que le cuesta hallar su identidad; en tanto, la Argentina de Messi y Maradona va ante un México, que busca la hazaña de cambiar una historia que le juega en contra.