En los últimos años, la recaudación de los IVA o de los Impuestos Sobre Ventas ha ido en aumento en los países centroamericanos, sin incrementos en la tasa del impuesto.
Ello evidencia una mejora en la relación entre lo efectivamente recaudado y lo que teóricamente se debería recaudar (productividad).
Esta mayor productividad se explica tanto por la reducción de algunas exenciones como por la implementación de nuevos mecanismos de control, entre ellos el uso de retenciones del IVA.
Estas retenciones obligan a ciertos compradores de bienes y servicios, llamados agentes retenedores, a no entregar el valor total de la compra al proveedor, sino a guardar o retener un porcentaje en concepto del impuesto, que debe ser entregado al Estado a nombre del contribuyente que vendió el bien o servicio, para quien esta retención significa un prepago o anticipo del impuesto.
Panamá, El Salvador, Honduras y Guatemala utilizan el sistema de retenciones del IVA bajo principios similares, pero con diferencias observadas en las bases de cálculo, tasas utilizadas para la retención y tipos de agentes retenedores. En los cuatro países, la aplicación de retenciones ha sido acompañada por reformas a la legislación tributaria enfocadas en el mayor control de los contribuyentes, el fortalecimiento de los sistemas de información que permiten "cruzar" los datos obtenidos de diferentes impuestos, y el endurecimiento de las penalidades por evasión y defraudación tributaria.
En Nicaragua el aumento de contribuyentes y la eliminación de exenciones para algunos bienes han dado como resultado una mayor recaudación de los impuestos de ventas a partir de 2002, mientras que en Costa Rica los niveles de recaudación de este impuesto se han mantenido constantes.
En ambos países, si bien la productividad de los impuestos de ventas es bastante similar a la del resto de América Central, la implementación de un sistema de retenciones podría mejorar significativamente la recaudación y la productividad del IVA, además de fortalecer al ente encargado de la administración tributaria.
Al hablar de precios, se explicó que, dependiendo del momento, los precios de las subastas son mejores que los que ofrecen las galerías, aunque de seguro se trata de obras no recientes.
En Panamá se da el fenómeno de que en muchos casos se opta por comprarle las obras directamente a los pintores, lo que garantiza un mejor precio.
Esta técnica es desarrollada sobre todo por pintores jóvenes a quienes se les hace difícil exponer en una galería.
Las galerías y los pintores generalmente llegan a diferentes acuerdos para sobrellevar este negocio.
Muchas veces las galerías contratan a pintores para que éstos produzcan obras, o también pueden comprar varias pinturas y luego de la venta se distribuyen las ganancias, o simplemente los dueños de galerías compran las pinturas y posteriormente las venden, ya sea en exposiciones o en eventos especiales.
En cuanto a si es factible o no el negocio, muchos coinciden en que esta economía se mueve, pero los resultados no son los esperados, pues montar una exposición cuesta mucho dinero, aunque siempre se logra obtener algo.
Algunos dueños de galería y pintores consultados, que pidieron el anonimato, se sienten afectados por lo que denominan "arte callejero", que copia obras reconocidas y las venden a precios bajos, burlando así a los verdaderos artístas y a los consumidores que desconocen de arte, pero que lo consumen para decorar su hogar u oficina.
"Es difícil luchar contra la injusta competencia que vende copias de buena o mala calidad, así como la que introducen al país libre de impuestos, pues también afecta al pintor que depende de la venta de sus cuadros", sostuvo una dueña de galería.
Otros quejosos añaden que las consecuencias del arte callejero son los jóvenes, que desde muy temprano empiezan a desarrollar sus técnicas de pintura y es difícil que sus trabajos se puedan valorar.
Por ello, agregaron, se ven obligados a vender una obra de buena calidad a un precio inferior al que se merece.
"El arte de la calle no está educando a nadie. Lo que está es sacando plata" con copias burdas, apuntó un pintor y profesor de arte que prefirió que se omitiera su nombre.
No obstante, hay quienes sostienen que el arte callejero no perjudica a pintores y galerías, ya que todo depende de la calidad de la obra, es decir, la persona que conoce de arte, no cometerá el error de comprar algo falsificado.
Las galerías, afirman, ya no son la mejor opción para comprar e invertir en pinturas.